Mi experiencia de intercambio en Valencia, Venezuela

Hola mi nombre es Ricardo Guzmán, soy Chileno tengo 25 años y me considero un Ciudadano Global.

En Octubre de 2014, sabiendo que pronto terminaría mi gestión como Vicepresidente de AIESEC en Antofagasta, quería cerrar mi experiencia de la mejor manera posible, por lo cual decidí tomar mi segundo intercambio social, entre las miles de oportunidades que me ofrecían ninguna me llamaba la atención, después de mucho buscar haber realizado unas cuantas entrevistas entre en contacto con Venezuela, y desde el momento de la entrevista sabia que la experiencia seria increíble, en tan solo una semana ya tenia proyecto listo(Emprendiendo para el Futuro) y solo faltaban las maletas para irme, de verdad la emoción era grande, pero el miedo igual, todos sabemos la situación de Venezuela, el socialismo extremo, la escasez, la inflación, etc, mis papas con un poco de miedo me apoyaron, y el día 3 de Enero partí a Perú (en bus unas 22 horas) para luego ir rumbo a Valencia, Venezuela.

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Al llegar todo era diferente a como lo había visto en Internet, el calor era horrible (se suponía que era invierno xD), las personas muy amables y cálidas, al llegar al que seria mi hogar, de verdad que desde el primer día me sentí en casa, no era una extraño, no era un visitante, era un hijo, hermano, primo, más de la familia.

Mi experiencia de intercambio en el primer día de trabajo en el proyecto fue muy interesante, captamos asistentes a las charlas y todos preguntaban de donde era, mi ciudad, sorprendidos de que en mi ciudad no llovía xD incluso llego una Chilena radicada en Venezuela a conversar conmigo. Conocí a mi equipo, un Brasileño y una chica de Malasia, mejores no pudo ser, nos llevamos muy bien de un principio y a pesar de los diferentes idiomas logramos sacar el proyecto adelante.

Durante los dos meses y medio en Venezuela, logre conocer su cultura, sus playas, sus comidas, el amor de su gente, la calidez en todo momento, pero no todo fue color de rosa, también conocí las interminables filas para conseguir productos debido a la escasez, o el cambio ilegal de dolares, viví el diario vivir de un Venezolano, que a pesar de todas las dificultades del país siempre tiene una sonrisa en su rostro, y es capaz de compartir incluso aquellas cosas que le costaron horas en una fila conseguir.

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Después de esta experiencia reafirmo mi condición de Ciudadano Global, porque no fue solo ir de turista o de voluntario, sino fue ir a vivir como un Venezolano, y hasta hoy donde ya case se cumple un año de desde que comenzó esta aventura, aun me siento un Venezolano de alma y corazón.