The perks of being an AIESECer

Puedo recordar cómo diez meses atrás, en mi primer contacto con la ONG, la no-muy-definida-idea de intercambios en todas partes del mundo y la posibilidad de impactar positivamente a distintas comunidades fueron, de ese discurso de ventas que casi todos los miembros de esta gran organización nos sabemos de memoria, los aspectos que más me hicieron sentir la necesidad de convertirme en un joven AIESECo.

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Aunque al principio me regodeaba con ese orgullo—un poco arrogante—de realmente sentirme útil para el mundo que habito, con el paso del tiempo, el trabajo,  las responsabilidades, que se sumaban al montón de cosas que otros compromisos me exigían, y la desmotivadora visión de un país que realmente no había cambiado a pesar de mis ambiciosos esfuerzos, fueron haciendo que me preguntara por primera vez el porqué de mi trabajo en la organización.

Supongo que es común que los miembros de esta ONG se sientan un tanto desorientados en su tránsito a través de ella cuando se dan cuenta de que, en la mayoría de los casos, entrevistar candidatos para hacer un intercambio, armar stands en algún campus universitario o hacer tediosos análisis de clima organizacional, no son precisamente la experiencia humanitaria que vinieron buscando.

Para tratar de salir ileso de esa crisis existencial AIESECa en la que había caído, me dispuse entonces a investigar un poco sobre las razones por las que ser un voluntario era bueno, necesario o importante. Entre tantos artículos del mismo tópico que encontré en internet, y luego de analizar un poco mi propia experiencia,  pude discernir que las siguientes tres razones generales eran realmente excelentes:

  1. Desarrollas nuevas habilidades

Si, por ejemplo, contrastamos las escazas o pocas destrezas sociales que tenía al principio del año 2015 y las comparamos con la manera en la que me desenvuelvo ahora, cualquier diría que el pasado yo y el actual son dos persona distintas. Tanto que puedo recordar cómo antes de decidir ser voluntario, una de las cosas que más me aterraba era, precisamente, tener que convivir con personas nuevas… ¡Qué bueno que el antiguo yo decidió arriesgarse!, porque aprender de todos mis compañeros en la Organización ha sido una de la cosas más gratificantes en mi vida hasta ahora.

De allí que el segundo punto sea:

  1. Creas nuevas conexiones y nuevos amigos

Muchos no creerían lo simple que resulta crear amistades en todas partes del mundo ni cómo los miles de kilómetros entre las regiones de un mismo país se reducen hasta casi dejar de existir cuando perteneces a una ONG como esta; no obstante, para mí lo más sorprendente no es la facilidad con la que las conexiones trascienden las grandes distancias, sino cómo individuos con personalidades totalmente distintas a la tuya, aquellos con lo que probablemente nunca habrías estado dispuesto a conversar antes de unirte a AIESEC, pueden convertirse un amigo de confianza.

La última razón no está inspirada en el artículo de ningún blog sobre voluntarios, no es un verdadero beneficio y es, quizá, algo muy exclusivo de esta Organización; sin embargo, luego de descubrirla recientemente, todo mi trabajo, todos mis esfuerzos y todos esos stands armados en campus universitarios cobraron sentido:

  1. Ayudamos a construir una generación más humanitaria

No es del todo seguro que la labor de un voluntario en el extranjero logre hacer que los problemas de una comunidad entera desaparezcan, ni es muy probable que suceda lo mismo si algún Ciudadano Global viene a Venezuela a entregarnos su apoyo; lo que sí es cierto es que ese intercambio cultural es capaz de generar en sus participantes, el voluntario que aprende la importancia de ayudar a otros y el ciudadano que descubre que sí hay personas dispuestas a ayudar, un impacto positivo con efectos extraordinarios.

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Por eso seguiré trabajando para esta organización, por ver un futuro lleno de, no solo un voluntario, sino de millones de hombres y mujeres decididos a crear un mundo mejor, más ecológico y más justo para la humanidad. Mi misión es ayudar construir una generación más humanitaria.

Alejandro Pérez

Diseñando tu propio camino

A medida que vas creciendo, van pasando los años y vas adquiriendo muchísimas más responsabilidades. De repente, tu vida sencillamente pasa a ser una rutina más, dejando de vivir tus sueños y crear tu propio camino por ser alguien que va acorde a la corriente social.

Sin embargo, llega un momento en el que te preguntas ¿qué voy a hacer con mi vida? esto no es lo que yo me había imaginado para ella, y sabes que con esta vida que estas llevando no conseguirás el futuro que quieres.

Personalmente considero que, a los 21 años las personas aún no están claras de lo que quieren para su futuro, pero de lo que sí estoy segura es que quiero vivir.

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Eso es lo que hizo AIESEC por mí, puso color a mi vida, me enseñó a vivir cada cosa que hago, a respetar mis ideas, a seguir mis ideales, a luchar por lo que quiero. Aprendí a valorar mi trabajo y sobre todo a amar lo que hago. Cuando amas lo que haces, no hay sueño, excusas, y mucho menos obligación;  automáticamente te sientes responsable de esas acciones e inconscientemente sabes que debes hacerlas.

Desmintiendo mitos, no todos los diseñadores gráficos saben dibujar, así que AIESEC es ese alguien que te lleva la mano para poder hacer que las líneas te queden rectas. AIESEC me enseñó a trazar líneas pero a decidir mi propia dirección, también a borrarlas si era necesario.

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Uno de los retos más grandes que he tenido, ha sido diseñar la identidad de un evento nacional. El hecho de que más de 190 jóvenes se llevaron una pequeña parte de lo que diseñé, significa una gran satisfacción por todo el esfuerzo invertido.  Ser parte de esta organización, ha sido una experiencia muy enriquecedora, no solo por mi desarrollo profesional, sino, por las personas que he conocido a lo largo de mi trayectoria dentro de la misma, con los cuales conformamos una nueva familia. Por lo tanto, es por esto que puedo decir que he diseñado mi propio camino. AIESEC hizo el boceto de mi vida, y yo continúo el arte.

Participa por una beca de 150 euros con AIESEC en Venezuela

¡AIESEC en Venezuela inicia una competencia para ganar una beca de intercambio en el extranjero!

AIESEC en la organización de jóvenes más grande del mundo y ahora, de la mano con ChameleonJohn.com, desarrolla una campaña para ayudar a más personas a conseguir sus oportunidades profesionales en el exterior. La beca es de 3000 euros y la competencia se desarrollará junto con otros 12 países, dando inicio el día 18 de enero y culminando el 18 de abril de 2016.

Requisitos

  • Ser estudiante activo o no tener más de 2 años de graduado.
  • Inglés avanzado
  • Motivación para realizar un intercambio internacional

Ambas organizaciones creen que trabajando en el exterior, los jóvenes de todo el mundo serán más tolerantes, poseerán una mente más abierta y obtendrán una invaluable experiencia profesional trabajando en un ambiente internacional. El premio es de 3000 euros dividido entre 20 ganadores, obteniendo 150 euros cada uno.

ChameleonJohn es una página web de cupones online que ha ido creciendo rápidamente. ChameleonJohn ha estado siendo apoyada por la juventud en los Estados Unidos y otros países del mundo, es por eso que este año decidieron apoyar ellos a la juventud ofreciendo esta beca con AIESEC.

Si deseas participar solo debes llenar – en inglés – el siguiente formulario: http://bit.ly/aiesecscholarship

Para más información

Aizleen Boscán 

Vice Presidente de Marketing de AIESEC en Venezuela

aizleen.boscan@aiesec.net

www.aiesec.org.ve

 

Jacob Laukaitis

Co-fundador de ChameleonJohn

jacob@chameleonjohn.com

http://www.chameleonjohn.com/

 

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AIESEC, una máquina cambia vidas

En el momento que llegué a Bogotá, sin familia, sin amigos y con un muy bajo presupuesto para dos meses, sabía que sería todo un reto; un reto que estaba dispuesta a tomar. Viví en un apartamento con 9 intercambistas, todos trabajando en el mismo proyecto y por la misma causa, cambiar un poco la realidad de esas personas.

Trabajé durante 7 semanas en un comedor comunitario llamado Rincón Rubí, en Suba Rincón, un barrio ubicado al suroriente de Bogotá. Poco a poco me iba adaptando a mis alumnas, tuve tres hermosas señoras a mi cargo, Ruth Quintero (50 años), María Claudia Yopasa (46 años) y Julia Rodríguez (57 años). Tenían niveles de educación distintos, sin embargo, me la ingeniaba para que pudieran entenderme.

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Julia Rodríguez, entrevista vía telefónica. ¿Qué significó el proyecto Alfabeta para usted?: “La idea del proyecto es digna de admirar y conocer a la profesora Lili cambió mi vida, no solo aprendí a leer y a escribir mejor, sino también encontré a una persona que estuviera pendiente de mí, me apoyara y me escuchara. Los jóvenes venezolanos son un ejemplo”.

Al principio del intercambio, noté que mis alumnas tenían muchos problemas en especial a la hora de escribir su nombre, leían muy poco y tenían mucha dificultad en la comprensión lectora, estos fueron los focos principales de mis clases y el último día pude darme cuenta del avance que mis alumnas lograron. En realidad, lo que me sorprendió más fue ver como personas que tenían muchos problemas, a nivel económico y familiar asistían a clases con la mayor motivación del mundo.

¿Por qué en temas de educación las clases más bajas son las menos favorecidas? Durante mi estadía en Bogotá, pude darme cuenta que las clases sociales están muy marcadas, la clasificación depende del lugar de residencia e ingresos económicos,  claramente pude identificar que muchas de estas personas no tuvieron oportunidad de culminar la primaria o secundaria por el costo tan alto de la educación.

Jesús Castro, (1 de nov. 2014), Presidente para el año 2015 de AIESEC en Guayana. Entrevista vía telefónica, ¿Cómo podrías describir el impacto que tiene AIESEC en los jóvenes?: AIESEC puede ser descrito como una escuela de vida, los jóvenes no solo desarrollan su mentalidad global, sino también ponen en práctica la responsabilidad social, la cual avivamos gracias a los intercambios.

Desde mi lado más humano siempre traté de dar lo mejor de mí, traté de enseñar lo más que pude y dejar mi huella en cada una de esas personas, nunca pensé que esa pequeña acción se convertiría en un gran acto para mis alumnas, a tal punto de convertirme en su heroína, afirmaban que nunca nadie se había preocupado de su aprendizaje como yo lo hice y eso es algo que me llena de orgullo.

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No importa desde que punto se mire la organización, no importa si estás dentro de ella o no, lo realmente importante es el impacto que logramos hacer y la cantidad de vidas que podemos impactar. AIESEC no solo es una organización de jóvenes también es una máquina que cambia vidas.