Paola Becerra: Adiós a este ciclo

A veces no hace falta entrevistar a alguien o preguntarle su trayectoria dentro de la organización. Las fechas no son necesarias, lo que importa es lo aprendido. Eso ocurrió con la carta de Paola Becerra. Esa carta que le escribió a su comité de AIESEC en UCV cuando dejó de ser Vicepresidenta de Finanzas y Legales este año -período 2016-2017-.

Paola quiere compartir esa carta, no solo con sus amigos y miembros de su comité sino con todos aquellos que se sientan identificados. Y con aquellos que hayan estado, de cierta manera, en ese recorrido.

Hace tiempo atrás decidí unirme a la organización. Sin darme cuenta, se convirtió en una de las mejores decisiones de mi vida. Me cambió a mí y sigue cambiando a otros jóvenes que también buscan un lugar al cual pertenecer. Un lugar donde nuestras voces son escuchadas y nuestras acciones se convierten en ejemplo de inspiración. Un espacio donde experimentar nuestras fortalezas y debilidades es el común denominador, y en el que nuestros errores es el mayor aprendizaje de todos.

Doy gracias a la vida por poner en mi camino a AIESEC. Porque me ha permitido descubrirme  y sobre todo, ha hecho la diferencia en transformarme en la persona que quiero ser. Aquella que construye el legado que quiero dejar en cada uno de los pasos que doy.

Muchas veces por nuestra juventud, nos dicen que tenemos el mundo bajo nuestros pies, pero esa sensación realmente solo la siento así cuando juntos logramos nuestras metas y alcanzamos nuestros objetivos. Sé que no es fácil -y nunca lo ha sido- pero eso es parte de la vida.

Por esto hace cuatro años y medio decidí salirme de mi comodidad y arriesgarme a ingresar a un movimiento dejó más en mí de lo que yo le pude transmitir,

Conocí y aprendí de personas increíbles y únicas que me enseñaron a ser una mejor versión. Viví todo tipo de experiencias, que como siempre he dicho: AIESEC es una laboratorio lleno de emociones ,desde la más hermosa hasta la más triste y decepcionante. En donde un día puedes estar arriba y el otro abajo, pero serás grande por la determinación en que asumas los retos. También se basa en arriesgarse a dar lo mejor de ti en cada una de las acciones, y en no esperar nada a cambio.

Recuerden que estamos para servir a otros y lo que nosotros hacemos es una profesión noble. No muchos son capaces de dedicarle tiempo y compromiso a nuestros semejantes, somos voluntarios de corazón y apasionados de profesión.

Siéntanse orgullosos de ser parte de la diferencia de ese cambio que queremos ver en el mundo.

Yo nunca sentí que perdí mi tiempo, al contrario, es nostálgico saber que ya pronto se acabará mi historia con el comité que me vio crecer. AIESEC UCV ha sido mi familia desde que me aventuré en la ciudad, y confieso que si pudiera continuar lo hiciera. Pero debo continuar con mi destino y cerrar este ciclo, me voy muy feliz y sobre todo agradecida.

Gracias a mi comité permitirme ser su vicepresidenta y compartir con ustedes momentos únicos y especiales. Gracias por dejarme ser la líder que quise ver. Simplemente gracias.

El respiro que deseo encontrar en Mérida

Todos los años viajo a Mérida con mi mamá para visitar a mi abuela. Es un estado que me gusta: las montañas, el frío, la amabilidad de los merideños… Siempre me ha molestado que nunca tengo buena señal, debo admitirlo. No logro mandar mensajes ni recibir llamadas. Me siento incomunicada con el mundo exterior.

Hace tiempo que estoy un poco agobiada por este año, por la ciudad, por la gente. Es por ello que aprovecharé este viaje de otra manera: una desintoxicación tecnológica y citadina. Trataré de conectarme conmigo misma, con mis emociones, pensamientos, deseos. Trataré de fijarme las metas del próximo año, trazarme planes, organizar -aunque sea un poco-mi vida. Ubicarme, proyectarme y entenderme.

Que Mérida me ayude

Esta vez usaré la montaña como una excusa para perder la señal. He estado sumergida en las redes sociales, en las películas por internet y en tener una vida a través de una pantalla de computadora. No suelto mi teléfono ni para comer, no me separo del WiFi y creo que me estoy perdiendo a mi misma.

Es darme un respiro de tanta tecnología y sentir más la naturaleza. Aprovecharé estos pocos días para alejarme de todo y sentir el aire en mi cara. Obviamente no es un adiós demasiado largo porque debo comunicarme con mi hermana, mi papá, mis amigos. En algún momento tengo que “volver a la red” porque simplemente hay que hacerlo (universidad). Pero por ahora aprovecharé este tiempo en Mérida.

Adiós, ciudad

Debo oler las páginas de un libro viejo y oír música sin audífonos. Que sea Mérida la que me ayude a (re)encontrarme. Me imaginaré que estoy realizando un voluntariado con AIESEC pero en este momento estoy ayudando a mi yo interior. Suena muy espiritual pero todos deberíamos hacerlo aunque sea una vez.

Veamos qué tal resulta y si surge una buena experiencia para este blog.

La poesía que me ha enseñado Caracas

No soy de Caracas pero me mudé cuando comencé la universidad hace casi cuatro años. Desde ese momento me propuse recorrerla para sentirme parte de ella. Me enamoré de Caracas porque he tenido la oportunidad de perderme en ella y encontrar sus salidas. En esta ciudad me di cuenta de lo mucho que me gusta descubrir historias y ver la poesía de la vida.

Eso fue lo que le dije a un amigo que me preguntó si leía poesía. Le dije que no. No la leía, la sentía, la veía. Me gusta creer que cada vida es como un verso que rima con cada situación y va componiendo al Universo. Me gusta creer que en nuestros movimientos e ideas hay ritmo. Hay arte, nuestras vidas se pueden apreciar. Aquél que se monta en el Metro va danzando con sus penas mientras el ritmo de un vagón sucio lo ambienta. ¿Qué esconden quienes se mueven con el vaivén de una camioneta en el transporte público? ¿Qué espera realmente aquel que ve hacia el semáforo desde su carro? Esta ciudad me ha invitado a observar. Me ayuda creer que compongo música para esas historias, o por lo menos las convierto en rimas.

Caracas escrita

Parte de esas ganas de vivir una ciudad también viene de los profesores que he tenido. Maestros que me han enseñado a oler, oír, sentir el caos. Puedo dedicarles toda una entrada a cada uno de ellos pero por ahora me quedaré con Caracas y lo que encontré en mi agenda. Ya había dicho que estaba buscando mis anotaciones y tratando de cumplir con algunas tareas pendientes. De alguna manera, esa es la razón de esta entrada .

En una de las hojas de mi agenda encontré varias frases. No son mías, ni de una película o alguna canción. Son frases que oí en la calle, de camino a una fuente oficial para un reportaje que tenía que hacer.

Me gusta escuchar a las personas y “capturar su esencia” para poder escribir sus -posibles- historias. Digamos que siento que las reconstruyo a través de lo que me comparten inconscientemente. Para mí es un ejercicio de empatía, me ayuda a conectarme más con ellos, con la ciudad, con el mundo. Todos deberíamos escuchar más la poesía de nuestra ciudad, apropiarnos de ella, sentirla. Para cuidarla, para amarla y compartirla.

Frases que esperan por una historia

*¡Qué belleza tan fea la tuya!

*¿Cómo se llama tu nombre?

*Una emoción tan alegre que invade el corazón.

*Ay, hija, si supiera que yo ando tan perdida como usted.

Todavía recuerdo los rostros de todos los que dijeron esas frases y sus suspiros. Recuerdo el momento y sus intenciones, solo me ha faltado imaginar su pasado, pero esas historias están ahí. Están a la espera de un inicio y un fin, aguardan por nosotros al igual que lo hace la ciudad.

 

Una viajera de agenda

Estaba haciendo limpieza en mi estante y me encontré con mi “agenda 2016”. En realidad no es una agenda, es simplemente un cuaderno donde anotaba listas de cosas que debía hacer. Al final no las cumplí todas -sin remordimientos. Como estamos terminando el año me propuse algo: revisar todas las listas que creé. Y por supuesto, ver si hay posibilidad de hacer las que aún están pendientes. No sólo es cumplir con lo que no hice -más vale tarde que nunca- sino revisar mis anotaciones.

Para mi sorpresa, en la primera página de mi “agenda” (la llamaré así para aparentar ser una persona organizada) encontré el coro de una canción.

Mi casa es el mundo, mi techo es el cielo, mi Dios es la vida…

Amar es mi credo

Agenda de canciones

Sabía que había escuchado esa canción en una película y decidí buscarla. Me encontré con que la cantante se llama Robertha y es conocida como “la voz del amor”. Protagonizó la película Rosas blancas para mi hermana negra. La canción habla de que el amor puede trascender el color de la piel y también hace alusión al tema de la película: el racismo de los 70’s.

Lo que me llamó la atención en sí fue en lo que se convirtió mi agenda. Sin darme cuenta se ha ido llenando de frases, canciones y referencias a una vida sin fronteras. A la libertad o al amor a nuestra propia vida. Mi casa es el cielo (nombre de la canción), no es sólo una referencia al amor de parejas sino el amor a nuestra existencia en este mundo. Es como siempre, una invitación a vivir más. A viajar. A ser tolerantes y aprender.

Me he convertido en una viajera de agenda, que sólo está esperando para abrir sus alas por el mundo. Por ahora soy feliz escribiendo sobre mis sueños y añoranzas.

Viaja para amar

¿Acaso no podemos entender la canción como amor al prójimo? ¿Como la posibilidad de ser felices en todos nuestros destinos? Porque lo que nos queda es lo vivido y recorrido, no lo poseído -objetos materiales. De eso habla la canción para mí.

Así que seguiré revisando mi agenda mientras escucho a Robertha cantar parte del playlist de mi espíritu viajero.

Quiero ser libre

Vivir como el viento

Que va a todas partes

Y no siente miedo.

Esta entrevista es mi oportunidad. Serie 4/4

A mi vida llegó la oportunidad de tener un trabajo. Ese trabajo necesitaba de una entrevista y aunque me sentí preparada, igual me puse nerviosa. Ya había dicho que no debía tener nervios porque ya había pasado por eso. Pero si era una primera vez porque no involucraba a nadie de AIESEC. Eso ya la convertía en algo totalmente diferente.

Ya estaba familiarizada con la forma de preguntar en AIESEC. Qué debía decir, cuál era la experiencia requerida, cuánto debía conocerme. Aun con los nervios, eso me ayudó bastante.

“Yo sé más de mí de lo que ellos posiblemente llegarán a conocer”, me dije.

Esta vez hice un repaso de las entrevistas anteriores e investigué sobre la organización para la cual aplicaría. Recurrí a la dosis de seguridad que puede aportar un espejo y traté de ensayar. Claro, sin perder la espontaneidad ni imaginarme que era un guión. Hablé con mis papás y mi hermana para tenerlos como “soportes motivacionales”. Y ahí estaba, lista para tomar esa oportunidad de salir del cascarón.

Respóndele a la oportunidad

Me fui bien arreglada, llegué puntual, cuidé mi postura. Traté de sonreír y estaba llena de optimismo. Me sentía calmada y tranquila. “No te asustes”, repetía mentalmente mientras caminaba a la oficina donde me entrevistarían. ¿Cuál fue mi sorpresa? Darme cuenta de que la mayoría de las preguntas ya las había respondido en otra oportunidad -o en varias.

Me provocó sonreír con más ganas y de mí brotó un discurso lleno de sinceridad, seguridad y confianza. No iba a responder para ellos sino para mí. Algo me decía que el independientemente de si quedaba o no no debía alegrarme -solo- por ese resultado. Debía sentirme orgullosa de haber tenido a AIESEC como práctica para ese momento y haber superado todos los obstáculos. Debía sentirme feliz de haber llegado lejos, de tener las respuestas en la mente.

Era mi oportunidad de demostrar que ya no tenía problemas en ser entrevistada porque ya sabía qué responder. Aunque también debo decir que me fue realmente bien y obtuve el resultado esperado. Fue doblemente satisfactorio.

Ahora no le tengo -tanto- miedo a ninguna oportunidad que se me presente. Sé que puedo lograr superarla porque mi vida se ha ido llenando de buenas experiencias.


Fin de las experiencias sobre entrevistas.

Experiencia de una entrevistada. Serie 3/4

Nunca me habían entrevistado. No tenía ningún tipo de experiencia en el tema. Hasta que hice la prueba de selección para formar parte de AIESEC y me mandaron un correo. En el correo me felicitaban por el desempeño y me asignaron una fecha y hora para ser entrevistada. Entré en pánico. ¿Qué iba a saber yo lo que era una entrevista? ¿Qué iba a responder? Sólo puedo decir que el miedo no sirve de nada.

Realmente no sabía qué me podían preguntar así que no me preparé (¿error?). Fui puntual y llegué 10 minutos antes de la hora pautada. Aunque mi entrevistadora llegó 20 minutos después. Tomé aire y traté de hablar sin que me temblara la voz. Nos sentamos y empezó todo.

Mente en blanco

Quien me entrevistaba no me veía a la cara, estaba mandando mensajes con su teléfono y dijo que estaba apurada. Sentí que no le importaba lo que yo decía. Además me planteé dos escenarios y ninguno me gustaba: o no me aceptarían porque tenían a alguien más y por cortesía me entrevistaron. O me aceptarían porque les daba igual lo que yo dijera, eso me hizo pensar que no tomaban en cuenta mis habilidades y me desilusionó.

Por unos minutos ella abandonó su teléfono y ahí no supe qué hacer. Se acabaron las preguntas por cortesía y lanzó un: dime tres fortalezas y tres debilidades de Arantxa.

¿Debilidades? ¿Fortalezas? ¿Acaso yo tengo eso? Mi mente quedó en blanco y no recordaba ni mi nombre. Pensé por un rato y se me vinieron a la mente seis palabras que parecían coherentes. No recuerdo muy bien lo que dije pero en toda la entrevista, pero salió bien.

Estar en AIESEC no significa decirle adiós a tu rol como entrevistada. Al contrario, ahí comienza todo. Cada vez con mayor nivel -de dificultad, tal vez. La diferencia es que aprendes más del Modelo de Desarrollo de Liderazgo de AIESEC y su “autoconocimiento”. Debemos encontrar nuestras cualidades. Conocernos para poder darnos a conocer.

Cada vez más entrevistada

El siguiente paso fue sobrevivir a la entrevista para ser coordinadora de mi comité local. Creo que después de pasar por la fase de ser “quien entrevista” ésta parte se hizo menos difícil. Tanto así que conseguí mi puesto. Y salí orgullosa porque ya decía cuatro cualidades sin llorar, sólo quedaban dos más.

No pude detenerme ahí y más adelante apliqué a un puesto nacional, este puesto.  La diferencia entre una entrevista y otra es que antes conocía a los que me entrevistarían, ya no. Además que era por Skype y debía lidiar con el Internet, la conexión, el audio… Puntos que podían volverse negativos y hacerme sufrir más de lo necesario, pero nuevamente sobreviví.

No fue simple entrevista, la disfruté. Me sentí feliz por quedar en el puesto y por aprender a controlar. Por saber ser entrevistada. O por lo menos a aguantar los nervios en una entrevista para AIESEC, pero cuando ya no te entrevistan para un puesto de la organización…

Un reto más en nuestras vidas.


Continúa la experiencia de las entrevistas

http://aiesec.org.ve/venezuela/esta-entrevista-…tunidad-serie-44/

Errores de una primera entrevista. Serie 2/4

La primera vez que me tocó realizar una entrevista me pareció que no sólo evaluaba al entrevistado sino a mi compañera de equipo. Realmente no estaba acostumbrada a pautar una entrevista y tener que hacerle preguntas a otra persona para evaluar sus respuestas. En ese entonces era una especie de “chica de escritorio”, lo mío no era salir al campo.

Estaba nerviosa, lo admito. Muchos no saben lo que implica conocer a una persona y saber si es la indicada para un puesto. Además de que eres la responsable de decirle -si es el caso- que no fue aceptado. Para mí es un poco difícil la parte del “no” y la despedida. Tienes espacio de ser motivadora y decirle que puede volver a intentarlo, que quizás no es su momento pero no deja de ser duro. Es como si tú lo rechazaras. Y en partes es así lo rechazas…

En todo caso, ese día mis nervios estaban presentes. Ya me había leído el manual. Mi vicepresidenta me había instruido. Tenía una herramienta de evaluación con las preguntas. Aún así no me sentía preparada. Pero como uno de los objetivos de AIESEC es ayudarte a “salir de tu zona de confort“, ahí estaba yo. Tratando de hacer lo mejor.

Entrevista con una serie de errores

No sé si fue porque me metí en el papel de entrevistadora pero aun con mi experiencia prácticamente nula supe que no lo estábamos haciendo bien.

Un entrevistado debe tener tanta seguridad de lo que hace como aquél que entrevista. Pero de ninguna manera -desde mi punto de vista- el entrevistador debe sentir un Dios. No somos superiores por estar de un lado de la mesa, ni por tener el lapicero rojo evaluador en la mano. No puede parecer que queremos pisotear al otro ni preguntarle hasta que nos cuente su secreto más profundo. Aún así mi compañera de equipo, la que sería mi apoyo a la hora de entrevistar, se convirtió en el coronel Hans Landa de Inglourious Basterds. Sólo quería intimidar y demostrar “poder” hasta el punto de preguntar de un modo un tanto prepotente que resultaba realmente.

La manera como se sentaba hacía creer que no estaba interesada en oír lo que el otro decía. Y es que la postura también requiere atención. Su mirada era acusadora cuando contestaban algo que no era lo que ella pensaba correcto. Leímos las preguntas hasta el punto de quitarles espontaneidad, frescura, sinceridad. Simplemente leíamos y repetimos como en un guión, sin permitir que todo fluyera de acuerdo a la situación.

De los errores también se aprende

Creo que uno de mis mayores errores fue, notar tantas equivocaciones y no evitarlas al momento. Claro, sin necesidad de interrumpir o predisponer a mi compañera ni quitarle cierto rasgo de autoridad. Pero recordarle que el liderazgo no es una línea vertical y que entre más confianza creemos más posibilidades de conseguir respuestas sinceras tendremos.

Es necesario oír tanto como observar y no imponernos. Tampoco creernos que somos superiores por el simple hecho de ser quien evalúa. Ese día supe lo que no se debía hacer porque la primera vez -casi- siempre se falla.

Seguramente tuvimos más errores que ahora se me escapan. En todo caso, espero no llegar a repetirlos.


Continúa la experiencia de las entrevistas

http://aiesec.org.ve/venezuela/experiencia-de-u…vistada-serie-34/

El ojo de quien entrevista. Serie 1/4

En AIESEC he aprendido a realizar una entrevista y a ser entrevistada. Ha sido un proceso que ha involucrado a varias personas y también una experiencia de varias partes.

No lo aprendí todo a la vez, todo fue dependiendo de las circunstancias. Tampoco resultó ser una experiencia -exclusiva- de mi carrera dentro de la organización. Involucró mi crecimiento dentro de mi comité y fuera de él. Es otra manera de demostrar cuánto me marcaron AIESEC y los miembros con los que compartí.

Es por ello que creo necesario ir a través de mis etapas. Que sea un recorrido que permita revivir esos momentos y tal vez acompañar a alguien más desde la distancia. Así puedo sentir que ayudo a alguien a prepararse -y asumir el reto- o simplemente compartir lo que sé y he vivido.

Debo acotar que mis experiencias no irán en el orden en el que ocurrieron, creo que es más por la forma en que me impactaron.

Quien entrevista observa

Hace unos meses tenía una reunión con los Vicepresidentes de AIESEC en UCV. Quedamos en encontrarnos en un café de Caracas a las 5:00 p.m. Yo llegué a las 4:50 pero antes de entrar me fijé que afuera del lugar estaba un hombre pidiendo dinero. Traté de evitarlo porque no tenía sencillo pero también noté que desde adentro del local, en una mesa junto al vidrio -ubicación que permitía ver toda la calle-, se encontraba uno de los vicepresidentes.

Ella estaba, con su café en las manos, viendo fijamente al hombre. Pero no lo veía sólo a él, me veía mí. Veía a todos los que cruzaban la calle, veía al cajero, a los que estaban cerca de ella. Veía. Ella era la única que había llegado -hasta el momento.

“Te noto un poco preocupada”, fue lo primero que me dijo al verme y estaba en lo cierto. Mi rostro seguramente se tornó un poco confundido ante su pregunta por ella de una vez respondió:

-No es porque te haya visto ahorita. Es porque siempre te he visto y ya me doy cuenta de tus cambios de ánimo. Por eso me gusta hacer una entrevista, porque observo. Desde el primer momento en el que veo a quien debo hacerle la entrevista hasta que lo veo por los pasillos de la universidad o en la calle. No basta con oírlos hablar de sus cualidades o leer su currículo, hay que observar. Eso me gusta. Fijarme en sus expresiones, en cómo reaccionan ante las situaciones cotidianas, los gestos que hacen con sus manos, con sus ojos. Cómo se mueven y caminan, todo habla de ellos.

La obra de Bárbara

No sé si es necesario agregar que ella era mi ex Vicepresidenta de Talento Humano, la encargada directa de cada entrevista. Bárbara se llama. Ella estudia Artes, hace Teatro y observa. Yo ya me había dado cuenta de su interés por ver detalladamente a las personas pero no sabía que le servía para las entrevistas. Ni que en toda ella había poesía.

En ese Café me di cuenta de que observar podía ser construir una obra de teatro. El momento de la entrevista sería una simple escena. Y en ella se seleccionaría a los actores principales para poder crear la obra maestra: mantener en pie a un comité. Bárbara ha sido la directora de Casting por mucho tiempo y creo, al igual que una obra o una película, tiene un gran peso.

¿Qué sería de una buena película sin un buen reparto? Dudo mucho de su éxito. Por eso confío plenamente en el ojo de Bárbara y su poder de observación. Sé que ella observa para crear arte, conocer a las personas, elegir bien los perfiles y cambiar el mundo.

Lo sé porque yo también la he observado, es parte de su legado como vicepresidenta. Sin su ayuda yo nunca hubiese podido realizar una buena entrevista.


Continúa la experiencia de las entrevistas.

http://aiesec.org.ve/venezuela/errores-de-una-p…revista-serie-24/