¿Qué opinaba Aristóteles sobre la gestión del tiempo?

Hay veces que nos llenamos de responsabilidades y creemos poder hacerlo todo en un solo día. Nos despertamos dispuestos a ganarle al transcurrir de las horas y al final nos damos cuenta de que no hicimos ni la mitad de lo que teníamos en mente. Vemos constantemente el reloj creyendo que así seremos más productivos. Enlistamos mentalmente las tareas diarias y cuando nos damos cuenta de que son muchas nos desesperamos.

Lloramos porque a nuestro día le faltan horas y a nuestras horas minutos. Nos percibimos incapaces de administrar nuestras tareas y pasamos la semana preocupados porque nos falta tiempo y nos sobra estrés.

Nos angustiamos tanto que no nos damos cuenta que el verdadero problema es ese: pensamos demasiado en todas las cosas que debemos hacer –y en nuestro deseo por hacerlo todo de una vez. Pensamos, pero no hacemos.

Aun cuando la concepción del tiempo puede ser un debate o un objeto de estudio tanto para físicos como filósofos, algo es seguro para Aristóteles: el tiempo implica movimiento, y el movimiento lleva a la acción.

Es decir, para aligerar esa larga lista de tareas es necesario hacerlas y por consiguiente: hacerlas bien. Esto significa hacerlas una a la vez. Realizarlas con calma, siendo conscientes de lo que estamos haciendo y cuánto tiempo nos demoramos en ellas. De esta manera podremos estimar la duración de las próximas tareas y en base a ello crear nuestro plan diario.

No se trata de pasar todo el día con una actividad –tampoco hacer muchas en poco tiempo como si fuese una competencia. La idea es concentrarse y darle a cada responsabilidad el tiempo necesario: hay que aprender a gestionar el tiempo de manera efectiva.

Esa gestión del tiempo reside en una buena planificación y  jerarquización
de las actividades para poder desarrollarlas.

Se dice que el tiempo en sí no se puede manejar porque no es tangible y que no es más que una invención del hombre para organizar su vida y controlarlo todo. En ese caso, está más que claro. Somos capaces de administrar lo que hacemos. Nos gestionamos a nosotros mismos en la realización de nuestras tareas. Controlamos lo que hacemos en el tiempo para invertirlo de manera eficiente.

Para ello existen métodos de gestión de tiempo, que sólo darán resultado con la práctica. Debemos ser constantes, dejar a un lado la angustia y armarnos de proactividad. En pocas palabras, saber aprovechar lo que tenemos y descubrir la manera de darle tiempo al tiempo.