Cada joven que viaja es AIESECo

Imaginar que todos los millones de jóvenes que viajan anualmente por el mundo lo hicieran con AIESEC no es imposible, si el verdadero cambio de la persona y trabajo en la paz se viera forzado al compartir comidas, a compartir un puesto en el bus, a compartir historias, incluso gustos musicales. ¿Quién sabe si a un ruso le termina gustando la música de Simón Díaz? ¿Qué pasaría si cada joven que viaja es AIESECo?

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Robert Molina, de 21 años de edad, estudiante de Contaduría Pública de la Universidad Central de Venezuela fue a enseñar Inglés con We Speak en Bogotá, Colombia en un colegio llamado Minuto de Dios. Su proyecto social consistía en organizar actividades para que los estudiantes hablaran y leyeran en la lengua anglosajona, sacándolos de sus zonas de confort y así mejoraran.

El ser un embajador venezolano le resultó positivo, se siente como si antes de embarcar el avión en Maiquetía te tatúan Venezuela en la frente y se tiene esa gran responsabilidad de mostrar la mejor cara de Venezuela. Las toneladas de preguntas sobre la crisis no pueden ser disfrazadas con mentiras cuando los medios se encargan de exagerarlas, como embajador se tiene como función explicar todos nuestros problemas y luego de ello aprovechar para contar las historias de lo majestuoso que es el país y sus personas.

Siempre se tiene ese pensamiento de que Colombia y Venezuela son parecidos por la cercanía, por los colores de la bandera, pero a Robert le dio curiosidad saber que era diferente de ellos, y por qué tenían más intercambistas que querían conocer de su cultura. Para su sorpresa, Colombia y Venezuela son muy diferentes. Para Robert, Colombia demostró tener un gran campo desarrollado: la tecnología.

Sin embargo, el venezolano no es el único que se quiere ir de su país, y así lo entendió Robert. Venezuela no es la única nación que sufre de este mal, sin embargo, tanto Colombia como Venezuela tienen en ellas personas dispuestas a trabajar para mejorar las naciones mientras se mejoran ellos mismos.

Lo más fructífero de este intercambio es haber logrado despertar el interés en varios estudiantes en aprender no sólo inglés, sino varios idiomas. Demostrar que saber más de una lengua extranjera no es un capricho sino una herramienta que abre puertas tanto en la vida personal como en la profesional. El proyecto no consistía en hacer que cada uno de los estudiantes siguieran sus sueños, pero así lo sintió Robert y les hizo creer a cada uno que no hay barrera que no se pueda romper con trabajo y esfuerzo. Cuando el UCVista les contó a los chicos que esta experiencia era un sueño hecho realidad recibió mensajes increíbles de parte de ellos, le transmitieron qué querían hacer con sus vidas, trazarse metas más grandes, dejar huellas más profundas en el mundo; esto no tuvo precio para Robert.

Una experiencia que hizo que un chico de 21 años que nunca había vivido solo viviera con otros intercambistas desconocidos, una experiencia que lo obligó a ser más independiente, a ubicarse en una ciudad totalmente diferente a su ciudad natal, a administrar sus bienes. Una experiencia que le demostró que la vida da milones de oportunidades y no es fundamental trazarse un solo camino sin saber todas las puertas que se abren al cambiar de dirección. Vivir más experiencias y no cerrarse a nuevas posibilidades, siempre buscando la mejor manera de crecer.

Aunque los niños del colegio Minuto de Dios tienen reservado un lugar especial en el corazón de Robert, él desea recorrer cada rincón del mundo para que todos ellos pertenezcan al corazón de él y para que él deje otra pisada que impacte de manera positiva al mundo.

Imaginemos de nuevo que cada joven que emprenda un viaje a otra nación lo haga con AIESEC, sería otro joven que aportaría a la vida de niños o de una comunidad, sería otro joven que cambiaría su forma de ver el mundo, incluso su propio país, incluso la manera en como él se ve a sí mismo. Y cito lo que dijo Robert en su entrevista ‘‘tejiendo lazos con personas de diferentes partes del mundo, apreciando otras culturas, entendiendo problemas de otros países y sintiéndonos responsables por cambiar todo aquello que no nos gusta en nuestra sociedad’’.