¿Por qué salir a conocer el mundo?

Quizás al leer la pregunta hayas pensado en salidas, vacaciones o viajes, sin embargo, esta vez quiero que veas más allá de lo que se nota a simple vista.

Muchas personas han visitado numerosos países sin haber conocido realmente al entorno en el que estaban ¿Qué es conocer el mundo? No es sólo salir de tu país, no es sólo visitar sitios nuevos, no es sólo quedarte unos días en una ciudad extranjera. Conocer el mundo es estar en constante contacto con la nueva cultura que encuentras, es experimentar de primera mano lo bueno y lo no tan bueno que ofrece el sitio al que llegaste, ya sea la gastronomía, las tradiciones, las religiones, etc.

Menciono lo no tan bueno, ya que cada sociedad tiene distintas problemáticas, es un hecho del que no se puede hacer la vista gorda, y para realmente conocer el mundo debes conocerlo con sus pros y sus contras, porque al final, es la unión de todos estos factores lo que definen la cultura y la sociedad. Incluso, puedes tomar parte en la solución de dichas problemáticas y así formar parte de una red global de voluntarios que son agentes de cambio.

Ahora bien, ya sabiendo el cómo se conoce el mundo, podemos dar paso a la respuesta de la pregunta principal que está como título de este artículo.

Al salir a conocer el mundo te das la oportunidad de expandir tus conocimientos, de salir de tu zona de confort, de experimentar nuevos estilos de vida, pero más aún que todo ello, te estarás redescubriendo, porque conocerás aspectos de ti que quizás nunca pudiste observar o no tan profundamente cuando estabas en tu hogar.

Así, como bien he explicado, razones para salir a conocer el mundo sobran, razones que van desde lo externo hasta lo interno, desde conocer nuevos estilos de vida hasta hacer un voluntariado. Atrévete a crecer, a descubrir, a experimentar. Atrévete a conocer el mundo.

4 mitos sobre voluntariado internacional que debes eliminar

Muchas personas a la largo de su vida se han planteado hacer un voluntariado internacional, ya sea porque se alinea con su carrera, por vocación, o por probar una nueva experiencia en su vida.

Probablemente tú también te has imaginado haciendo un voluntariado con niños de bajos recursos en África, con personas con enfermedades terminales en hospitales, con elefantes en algún santuario de Tailandia, etc., y es que hay una cantidad casi interminable de voluntariados que hacer alrededor del mundo. Sin embargo, muchas veces se ve frustrado este sueño por ciertos mitos que recorren las calles de boca en boca y que a pesar de que no van acorde a la realidad, frenan bastante esas ganas de tomar el voluntariado.

Aquí te traigo 4 mitos sobre voluntariado internacional que debes olvidar, para que puedas tomar con la mayor certeza tu voluntariado y así cambiar tanto tu vida como la de los seres involucrados con tu proyecto.

  1.  Es muy costoso de realizar: A pesar de que sí existe un gasto en cuánto a traslado y manutención, la mayoría de los proyectos te ofrecen beneficios que te reducen considerablemente los gastos que puedas tener, aparte de que con todo el aprendizaje y crecimiento que tendrás con tu voluntariado siempre será mayor la ganancia que la pérdida.
  2.  No cualquiera puede realizar un voluntariado: Si bien hay proyectos que necesitan perfiles y habilidades muy específicas, la mayoría tiene requisitos muy mínimos, además de que con la decenas de miles de proyectos que hay alrededor del mundo, te aseguro que siempre habrá siquiera uno en el que te adaptes completamente.
  3.  No se cambia al mundo con tu proyecto: Hay que estar conscientes de que por más que estarías solucionando una problemática con tu proyecto, esto por sí solo no significaría un cambio considerable a nivel mundial. Ahora velo de este modo, así como tú habrán miles de personas realizando proyectos para solucionar todas estas problemáticas, conformando todos una red mucho más grande que sí está realizando un cambio positivo considerable en el mundo, por lo que sí, con tu ayuda estarías aportando a ese gran cambio para bien que necesita nuestro planeta.
  4.  Es muy difícil conseguir un voluntariado internacional: Este es el mito más grande de todos, porque actualmente no es para nada difícil poder conseguir y tomar un voluntariado internacional. AIESEC tiene una plataforma internacional que te permite escoger entre miles de proyectos en más 126 países, donde podrás obtener información de primera mano sobre el proyecto que te gusta, además de contar con un sin fin de beneficios que harán de tu voluntariado la mejor experiencia de tu vida.

 

Ya sabiendo todo esto, ¿qué esperas para tomar el reto de hacer un voluntariado internacional?, te invito a que desde ya seas un agente de cambio, te invito a que seas un Voluntario Global.

¿Adicto a las redes sociales?

Piensa en tu día a día, te despiertas, das unas vueltas en la cama y luego vas directo a tu teléfono, a revisar tus mensajes y todas tus redes sociales, muchos dirían que eres adicto, yo diría que se equivocan. Vivimos en un mundo en línea, siempre conectado y siempre actualizado. Somos la generación de costumbres como revisar tu teléfono cada vez que te sientas aburrido y de resolver todas tus dudas al alcance de un click.

Desde muy pequeña he tenido acceso a internet, recuerdo mi primer MSN Messenger a los 10 años o quizás menos, cuando creía que mi apodo me definía del todo y cuando sentía que mi súper poder era decir cómo me sentía con tan sólo compartir la música que escuchaba a todos, lo cierto es que las cosas no han cambiado mucho.

Jamás olvidaré mi etapa de MySpace en la que cada vez que se abría mi perfil sonaba Dance, Dance de Fall Out Boy, la misma etapa en la que descubrí que serían mi banda favorita hasta el fin de los tiempos, capaz porque siempre me recuerdan quién era antes y todo lo que he logrado hasta ahora. Y está prohibido olvidar cuando empecé a usar redes como Facebook o Twitter, cuando entendí que podría importarme muchísimo lo que los demás pensaran, pero también me importaba compartir mi opinión. Es definitivo, las cosas no han cambiado del todo.

Las redes sociales lentamente se han convertido en parte de nuestras venas, nos han moldeado a ser quienes somos actualmente y te voy a decir lo más maravilloso de todo esto. Estamos en una era en la que compartir tu día desde que amanece hasta que oscurece es normal, que siempre quedará un recuerdo de cualquier vivencia y que en unos años ser olvidados por todos no es una opción. Escribo hoy sobre esto porque sé lo bonito que se siente ver fotos que consideras viejas y acordarte de cada detalle que pasaba mientras estas eran tomadas, porque sé que cuando sonrío frente a una cámara es para recordarme en unos años de que fui feliz.

A veces pienso en todos los sentimientos que se perdieron en el tiempo, todas esas personas que en su época no fueron capaces de colaborar en este mundo como nosotros lo somos capaces. Todo esto lo que me provoca es crear más, aprovechar el súper poder que tengo de compartir quien soy a otros y en el camino conocer al mayor número de personas posible.

En estos últimos años me he dado cuenta que el internet no es más que una gran conexión, las páginas web son los libros de historia del futuro y algunas fotografías en Instagram las nuevas expresiones de arte que nos diferenciarán de otras generaciones. Porque para mí todo esto convierte al mundo virtual en una Pangea versión 2.0, un gran continente unido por infinitos sentimientos, millones de cerebros funcionando al mismo tiempo y muchísimas más cosas que te relacionen con quienes estén del otro lado de la pantalla.

Lo cierto es que no hay límites y si eso no te inspira a crear nuevos territorios, no sé qué lo hará. Porque puede que no seas realmente adicto a las redes, a los me gusta y la aceptación social, puede que quizás sólo te guste ser parte esencial de este mundo, vivir y recordar, ser esa parte buena que aun flota en el mundo. Si todo esto es así, me parece que vale la pena que sigas compartiendo.

Las mejores experiencias son las nuevas

¿Alguna vez te ha pasado que tienes una experiencia que nunca antes pensaste tener y te abre la mente más allá de lo que esperabas? Déjame explicarme un poco mejor. Lo que pasa es que últimamente he sentido que muchos de nosotros limitamos nuestras posibilidades a vivir lo que debemos vivir, lo que es normal que personas de nuestra edad vivan y no exactamente lo que nos provoca en algún momento vivir.

Hace unas semanas hablaba con un amigo de esto y él me llegó a decir algo que siempre tendré grabado en la mente “…es que no es la experiencia en sí, es el hecho de que es nueva para ti lo que la hace maravillosa, es descubrirla a ella y descubrirte a ti mismo.” Hablábamos de que son muchas las veces que hacemos algunas cosas por impulso y suelen salir mejor de lo que algo planeado pueda salir jamás. Nos reíamos de lo fácil que se pueden ver algunas cosas por fuera y lo complicado que pueden llegar a ser cuando nos toca afrontarlas, pero ahí está la magia.

He llegado a aprender, en mis cortos 23 años de vida, que las nuevas experiencias siempre serán una oportunidad de retarte a ti mismo, de ver hasta donde puedes llegar. El año pasado lo comencé con un montón de retos en los bolsillos, la mayoría sin saber que estaban ahí guardados, esperando el momento perfecto para ocurrir.

Quiero intentar esto contigo, quien lee. Piensa en un momento de tu vida que has hecho algo nuevo y que has aprendido de eso. Ahora piensa lo maravilloso que sería tener más experiencias así.

Una nueva experiencia puede ser cualquier cosa, puede ser desde probar un platillo que nunca has probado o besar a alguien por primera vez, hasta aprender un nuevo idioma o viajar a algún sitio que sólo has visto por Google (y quizás hacer un voluntariado con AIESEC en el proceso *tose*). Lo importante es que podrías aprender de todo eso, es muy probable que termines descubriendo tu nuevo platillo favorito o inclusive hasta como decirlo en alemán.

Sé que si aún lees también pasa por tu mente todas las cosas nuevas que podrías estar haciendo en este momento, te reto a que empieces ahora mismo.

Las nuevas experiencias sólo pasan si tú las llevas a cabo, yo te aconsejaría empezar de una vez. Poco a poco puedes llegar a vivir como realmente te provoque cuando te provoque. Puedes empezar hoy cambiando algo en tu rutina diaria y poniéndole un poco más de sazón a la vida, quien sabe si te enteras que realmente eres alguien de té más que de café como siempre lo has sido.

Y si en el camino tienes alguna nueva experiencia que no funciona recuerda que:

“Los errores son los umbrales del descubrimiento.” – James Joyce.

Duna Manent, una española en Venezuela

Esta es la historia, desde mis ojos, de Duna Manent, una catalana de 23 años de edad que vino a mi cuidad a cambiar vidas. Llegó a Venezuela el 5 de enero del 2017, para ese entonces yo tenía algo menos de 2 meses en AIESEC pero muchísimas ideas en la mente y expectativas al máximo, eso sin contar que no era la única que estaba en la misma posición.

Los días previos a que llegara Duna ya podías ver lo invertidos que estaban todos los que la recibiríamos. Recuerdo cómo días antes Albani Jaimes, quien, para ponérselo más fácil al que lee, era la encargada número 1 de que la experiencia de Duna fuese inolvidable, me escribió para vernos y terminar de pulir los últimos detalles de su estadía.

La española” como naturalmente la habíamos apodado antes de que llegara, se quedaría en mi casa en el oeste de Caracas las primeras 3 noches y luego pasaría a mudarse al este de la ciudad en donde estaría el resto de las 6 semanas que incluía el proyecto para el que había venido a Venezuela. La idea de que Albani y yo nos viéramos ese día, incluía hablar sobre el proyecto, que en su caso era “Trazando Metas” y se trataba de discutir con niños sobre los Objetivos del Desarrollo Sostenible de la ONU, mediante dinámicas que ellos pudieran disfrutar y entender. Además, también aprovecharíamos el día para hacer el recorrido que Duna haría: desde donde viviría hasta el lugar donde la recogerían, para llevarla al barrio La Bombilla en Petare donde está ubicada la Fundación María Luisa Casar y los niños con quien ella trabajaría.

Honestamente saber que alguien vendría a mi país a hablar con niños, el futuro en miniatura, sobre temas como acabar la hambruna o la pobreza para el 2030, me emocionaba más de lo que soy capaz de escribir. Siempre he pensado que una sola persona no es capaz de cambiar el mundo, de acabar con todas las guerras y destruir todo lo que podamos considerar malo de la actualidad, pero sí veo la posibilidad de muchísimas personas como Duna regadas por el mundo contagiando a otros con la esperanza de un mundo mejor, y estoy segura que es desde esas esperanzas que comienzan las buenas ideas.

Duna llegó ese jueves y en los pocos días que estuvo en mi casa tuvo la oportunidad de conocer a mis padres y todo lo que eso implica. Ellos son fieles amantes de Venezuela, conocen el país como las palmas de sus manos. Verlos mostrándole desde videos de la Gran Sabana el primer día con tan sólo horas de haber llegado, hasta como comerse unos tostones la última noche que estuvo en mi casa me hizo darme cuenta de un montón de cosas. Este país, como cualquier otro en el mundo, puede tener sus fallas, sus malos ratos y sus defectos, pero son esos fieles amantes del país los que realmente lo curan de todo mal y Venezuela tiene gente de sobra así.

Después de que se mudara con Vanessa Da Silva, quien sería su alojamiento y algo así como su hermana en la ciudad -me atrevería a decir-, trate de ver a Duna durante los fines de semana que me permitía mi rutina. Las veces que nos veíamos también venían varias personas que al igual que yo querían hacer de sus días aquí los más inolvidables posibles.

En el camino vi personas como Vanessa que se enfocó en mostrarle hasta el último rinconcito del Ávila, lo más bonito que tiene Caracas, y a cambio Duna le enseño muchas otras experiencias que sé que ella valorara por siempre. También puedo hablar de otros quienes siempre estuvieron alerta de que Duna no pasara ni un solo día sin salir de casa desde el primer viernes con Leonardo, los demás días con Katherine, José, Ayimi, María Fernanda, Diveana, Sofía, María Carolina y pare usted de contar, hasta el último con Jesús y Alejandra. Siendo esta última una de las que más se enfocó en mostrarle al máximo cuan divertido puede llegar a ser venezolano o latino en general y quien sé que aprendió mucho de todo el tiempo que pasó Duna aquí.

Porque de eso se trataron estas 6 semanas, de esto se trata toda la experiencia de los voluntariados en AIESEC, de aprender. Esta organización se enfoca en crear líderes y Duna vino a este país a demostrarle a un montón de niños que por más grande que este mundo sea, las diferencias jamás deberán intimidarnos. A medida que pasó el tiempo pude ver como ella fue tocando a varios con su personalidad, fue cambiando vidas, y aunque no lo vi venir, también noté como otros la tocaron y cambiaron a ella. Vi personas como Albani cambiar hasta su manera de pensar en sí misma, la confianza que todas estas semanas creó en ella es algo que jamás va a olvidar.

Que estas experiencias se repitan será, de ahora en adelante, una de mis grandes metas en esta organización. Que más personas como ella vengan a mi país y se enamoren de él, será solo el comienzo. Y que tú te inspires luego de haber leído todo esto, es sólo parte del primer paso.

Gracias Duna por todo, espero volverte a ver.

Descubre

Al leer “Descubre” lo primero que se me viene a la mente es ¿Qué voy a descubrir?, antes de responder dicha pregunta hay que saber de antemano qué significa “descubrir”, y de entre tantos significados que se encuentran en la red, el que más me causa ruido es el siguiente:

Hallar lo que estaba ignorado o escondido.

Ya sabiendo que para descubrir hay que hallar lo que se ignora o esconde, nace otra pregunta ¿Qué se ignora o esconde?.

Bien dijo Albert Einstein alguna vez:

“Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas.”

Eso lo creo muy cierto, muchos conocimientos que tú tienes yo no los tengo, del mismo modo pasa al contrario, y es que cada persona vive una realidad distinta,  realidad que puede ser dada por distintos factores; como por el ejemplo, el ambiente o la sociedad. Entonces, conociendo ya eso, nace una tercera y última pregunta ¿Cómo hago para descubrir realidades distintas a la mía?

La respuesta no es difícil, para descubrir otras realidades tienes que salir de tu entorno, explorar sitios a los que no has llegado, conocer personas nuevas, visitar lugares remotos a tu hogar, en fin, hay un sin fin de oportunidades allá afuera para ello.

Tal vez al principio no sea fácil aceptar estas nuevas realidades, sin embargo, una vez que las conozcas podrás decir y sentir fervientemente el cambio que se habrá producido en ti, porque ya no sólo tendrás una visión de tu entorno, sino que tendrás una visión más globalizada de lo que sucede alrededor, y poco a poco te convertirás en un voluntario global.

Así que sal de tu entorno y explora nuevos sitios, viaja por nuevos caminos, pero sobre todas las cosas, descubre el mundo que existe allá afuera para ti.

5 consejos para mostrar tu ciudad y no morir en el intento

Esto va más o menos de la siguiente manera, yo suelo escribir desde mis experiencias, en base a lo que siento y cómo lo siento. El artículo de hoy comienza desde mi necesidad de mostrarle a alguien querido mi ciudad desde mis ojos y mis ganas de llevarte a ti lector, conmigo. Lo que escribiré más abajo es en mi opinión, la mejor manera de presentar a cualquiera mi ciudad y dejarlos amarla tanto como yo la amo a ella. Lo último que aclararé es que muchos de estos ejemplos los aplicaré a Caracas, porque es donde vivo. Así que empecemos:

  1. Presenta lo que conozcas: siempre vas a querer que esa persona disfrute todo lo que le enseñes, sorprenderlo con lugares que no conozcas puede sorprenderte a ti también, lo que quiero decir es que puede que no sea lo que tú esperabas. Mi consejo, ve por lo seguro, piensa en lugares que se ajusten a los gustos de esa persona y a tus buenas experiencias, las que luego puedes contarle y que ellos pueden recordar por siempre. Un ejemplo, mi amigo es músico, yo lo llevaría a cualquiera de estos conciertos que a veces se hacen en Caracas al aire libre, que siempre han sido para mí un buen rato y sé que él disfrutaría.
  2. Sé consiente de tú alrededor: seamos honestos, serás responsable de alguien que no conoce el lugar y es importante que sepas que puede que esa persona no esté siempre contigo y tenga que valerse por sí mismo. Mi consejo, sé lo mas sincero posible con quien venga a tu ciudad en lo que puede encontrarse al llegar, ya sea tráfico a una hora específica o los lugares que puedan ser inseguros y no debería visitar. Un ejemplo, hace poco tuve la oportunidad de recibir a una española maravillosa en mi casa y con otra amiga, llevarla al metro de Caracas por primera vez, la ruta fue larga pero la experiencia increíble, poco a poco y gracias a las indicaciones de mi amiga ahora ella puede moverse sola en el metro como toda una caraqueña.
  3. Planea pero no enloquezcas: todos sabemos que un itinerario tan cerrado en nuestras vidas cambia totalmente con el tiempo y las circunstancias, son muchas las veces que los planes no salen como lo queremos y hasta los planes “Z” pueden sacarnos de cualquier aprieto. Mi consejo, planea qué lugares quieres mostrar sin enfocarte tanto en el día, recalca cuales son los que realmente necesitan tener fecha y lugar y los demás simplemente déjalos fluir directo a tu calendario. Un ejemplo, el año pasado viajé y como buena estudiante de arquitectura mi plan era ver 300 edificios en un día y detallarlos TODOS, tuve la fortuna de estar con personas que quisieron tomar el reto conmigo y lo suficientemente ambiciosas como para turistear a las 2 a.m. si era necesario. En resumen, todo se va dando si lo dejas fluir y disfrutas del camino.
  4. La cuidad es tuya y el tour del turista: la idea es que ambos disfruten pero recuerda que tú puedes ver la ciudad cuando quieras, el visitante no tanto. Un consejo, darle oportunidad de elegir que lugares quiere visitar, bien sea que lo investigue por sí mismo o que tú le des opciones. Un ejemplo, en este viaje del año pasado no sólo vi esos 300 edificios que tenía en mi lista, también quienes estaban conmigo decidieron presentarme otros de los cuales no sabia absolutamente nada. ¿Mis lugares favoritos de ese viaje? Una combinación entre los que había soñado en el avión y los que jamás pensé ver.
  5. Ten en cuenta tu bolsillo: son muchos los lugares que puedes ver en tu ciudad sin la necesidad de gastar mucho dinero y otros en los que quizás debas ajustar tus cuentas. Recuerda que es muy probable que quien este contigo no tendrá mucha idea de cómo funciona tu moneda, así que tendrás dos bolsillos que cuidar. Mi consejo, planear cuales son los que realmente merecen tu dinero y buscar planes en la ciudad que sean gratis, en Caracas hay muchísimos. Un ejemplo, una vez salí con un amigo sin ningún plan y ninguna hora de llegada, ambos estábamos en ese punto del mes en el que no teníamos más dinero del necesario y honestamente gastarlo no era opción, nuestra solución fue pensar en lugares al aire libre que no habíamos visitado nunca y el resultado fue unos de los mejores días que he tenido.

Entonces ahí lo tienes, son sólo cinco de las cosas que me vinieron a la mente pensando en lo maravillosa que puede llegar a ser Caracas y lo mucho que quisiera presentársela a esa persona. Si leíste hasta aquí me gustaría leer tus consejos y tus ejemplos o experiencias, el espacio de comentarios abajo es todo tuyo.

Humanidad

La humanidad es como es. No se trata de cambiarla, sino de conocerla.

– Gustave Flaubert.

Tenía ya bastante tiempo dándole vueltas a esa cita en la cabeza, sin saber cómo expresar lo que me hacía sentir, hasta hace poco que me di cuenta que el reto más que darme escalofríos, me emociona. Al punto de que no he parado de darle vueltas a las mil y una cosas que quiero hablar de esta organización.

Comienzo hablando de humanidad porque creo que es una de las cualidades que más he visto desde que entré a AIESEC y una de las cosas que más he tenido presente desde entonces. Me he topado con un montón de extraños que no han hecho más que abrirme sus brazos y enseñarme cosas que sé que valoraré por siempre, todo esto lo digo teniendo en cuenta que apenas entré en noviembre del año pasado. Personas que no paran de creer en que ser humanos es lo mejor que podemos ser y que me han demostrado que de eso se trata ser parte de AIESEC.

Este párrafo va para ti, quien lees. Quiero que entiendas, antes de leer todo lo que escriba más abajo, que desde que tengo recuerdos siempre me he visto enamorada del mundo en el que habito. Con sus altos y bajos, este siempre ha sido mi musa más preciada, escribir de él solo es mi manera de demostrarlo.

Sé que no soy la única persona que ha pasado por ese momento, en el que vas caminando por la calle pensando en tus cosas y algo que te llama la atención, te cambia el día por completo. Que vas pendiente de tus preocupaciones más inmediatas, ya sea el próximo examen que tienes de la universidad, ese mensaje que está en tu Whatsapp que todavía no sabes cómo responder o algún recuerdo que no te sacas de la cabeza, pero en un segundo todo cambia y te das cuenta de tus alrededores.

Todos los días estamos rodeados de personas, de sentimientos e ideas que quizás nunca conoceremos del todo. Así como sé que no soy la única qué ha sentido lo que nombré arriba, sé que no estoy sola cuando es justo en ese momento que te das cuenta de que tan grande es este mundo.

Hasta el momento, basado en lo que acabo de buscar en Google, somos 7.481.348.867 personas en el mundo, regados en más de 5 continentes y con al menos 7.000 idiomas. Dependiendo de cómo lo quieras ver puedes pensar que esos números son demasiado grandes, pero a mí en lo personal toda esta información me da ganas de saber más sobre lo que esto implica.

¿Puedes tan sólo pensar en la cantidad de culturas que hay en el mundo? Todas las memorias que quedan en los años, las palabras dichas y no registradas, todo lo bueno y todo lo malo. Imagínate por un segundo como sería saberlo todo, como sería estar siempre al tanto del último descubrimiento de la ciencia, de quien acaba de nacer y de quien acaba de morir, de la respuesta a cualquier mínima duda.

Estoy consciente de que son pensamientos bastante soñadores, por así decirlo. Pero si te soy sincera desde que entré a AIESEC lo veo más posible que nunca. Puede que no a la extensión de convertirnos en un planeta lleno de genios, pero si veo más humanidad en el futuro.

No se trata de cambiar al mundo, se trata de conocerlo. Se trata de dejar a un lado los prejuicios y abrirnos a cualquier nueva experiencia que nos pueda dar el mañana. Es simplemente escuchar a los demás, lo que tienen para decirnos y lo que pueden enseñarnos. Se trata de saber que las opiniones nunca serán correctas o incorrectas, que las perspectivas de otros son las mejores oportunidades de entrar a nuevos mundos. Y finalmente para mí, se trata de unirme a AIESEC descubrir que quiero ser tan humana como pueda, para dejarlos bien en alto.

La poesía que me ha enseñado Caracas

No soy de Caracas pero me mudé cuando comencé la universidad hace casi cuatro años. Desde ese momento me propuse recorrerla para sentirme parte de ella. Me enamoré de Caracas porque he tenido la oportunidad de perderme en ella y encontrar sus salidas. En esta ciudad me di cuenta de lo mucho que me gusta descubrir historias y ver la poesía de la vida.

Eso fue lo que le dije a un amigo que me preguntó si leía poesía. Le dije que no. No la leía, la sentía, la veía. Me gusta creer que cada vida es como un verso que rima con cada situación y va componiendo al Universo. Me gusta creer que en nuestros movimientos e ideas hay ritmo. Hay arte, nuestras vidas se pueden apreciar. Aquél que se monta en el Metro va danzando con sus penas mientras el ritmo de un vagón sucio lo ambienta. ¿Qué esconden quienes se mueven con el vaivén de una camioneta en el transporte público? ¿Qué espera realmente aquel que ve hacia el semáforo desde su carro? Esta ciudad me ha invitado a observar. Me ayuda creer que compongo música para esas historias, o por lo menos las convierto en rimas.

Caracas escrita

Parte de esas ganas de vivir una ciudad también viene de los profesores que he tenido. Maestros que me han enseñado a oler, oír, sentir el caos. Puedo dedicarles toda una entrada a cada uno de ellos pero por ahora me quedaré con Caracas y lo que encontré en mi agenda. Ya había dicho que estaba buscando mis anotaciones y tratando de cumplir con algunas tareas pendientes. De alguna manera, esa es la razón de esta entrada .

En una de las hojas de mi agenda encontré varias frases. No son mías, ni de una película o alguna canción. Son frases que oí en la calle, de camino a una fuente oficial para un reportaje que tenía que hacer.

Me gusta escuchar a las personas y “capturar su esencia” para poder escribir sus -posibles- historias. Digamos que siento que las reconstruyo a través de lo que me comparten inconscientemente. Para mí es un ejercicio de empatía, me ayuda a conectarme más con ellos, con la ciudad, con el mundo. Todos deberíamos escuchar más la poesía de nuestra ciudad, apropiarnos de ella, sentirla. Para cuidarla, para amarla y compartirla.

Frases que esperan por una historia

*¡Qué belleza tan fea la tuya!

*¿Cómo se llama tu nombre?

*Una emoción tan alegre que invade el corazón.

*Ay, hija, si supiera que yo ando tan perdida como usted.

Todavía recuerdo los rostros de todos los que dijeron esas frases y sus suspiros. Recuerdo el momento y sus intenciones, solo me ha faltado imaginar su pasado, pero esas historias están ahí. Están a la espera de un inicio y un fin, aguardan por nosotros al igual que lo hace la ciudad.

 

Una viajera de agenda

Estaba haciendo limpieza en mi estante y me encontré con mi “agenda 2016”. En realidad no es una agenda, es simplemente un cuaderno donde anotaba listas de cosas que debía hacer. Al final no las cumplí todas -sin remordimientos. Como estamos terminando el año me propuse algo: revisar todas las listas que creé. Y por supuesto, ver si hay posibilidad de hacer las que aún están pendientes. No sólo es cumplir con lo que no hice -más vale tarde que nunca- sino revisar mis anotaciones.

Para mi sorpresa, en la primera página de mi “agenda” (la llamaré así para aparentar ser una persona organizada) encontré el coro de una canción.

Mi casa es el mundo, mi techo es el cielo, mi Dios es la vida…

Amar es mi credo

Agenda de canciones

Sabía que había escuchado esa canción en una película y decidí buscarla. Me encontré con que la cantante se llama Robertha y es conocida como “la voz del amor”. Protagonizó la película Rosas blancas para mi hermana negra. La canción habla de que el amor puede trascender el color de la piel y también hace alusión al tema de la película: el racismo de los 70’s.

Lo que me llamó la atención en sí fue en lo que se convirtió mi agenda. Sin darme cuenta se ha ido llenando de frases, canciones y referencias a una vida sin fronteras. A la libertad o al amor a nuestra propia vida. Mi casa es el cielo (nombre de la canción), no es sólo una referencia al amor de parejas sino el amor a nuestra existencia en este mundo. Es como siempre, una invitación a vivir más. A viajar. A ser tolerantes y aprender.

Me he convertido en una viajera de agenda, que sólo está esperando para abrir sus alas por el mundo. Por ahora soy feliz escribiendo sobre mis sueños y añoranzas.

Viaja para amar

¿Acaso no podemos entender la canción como amor al prójimo? ¿Como la posibilidad de ser felices en todos nuestros destinos? Porque lo que nos queda es lo vivido y recorrido, no lo poseído -objetos materiales. De eso habla la canción para mí.

Así que seguiré revisando mi agenda mientras escucho a Robertha cantar parte del playlist de mi espíritu viajero.

Quiero ser libre

Vivir como el viento

Que va a todas partes

Y no siente miedo.