El crayón de los prejuicios

Hace unos días vi un episodio de Los Simpsons que -además de hacerme reír- me pareció que tenía razón. En ese episodio a Homero Simpson le hicieron una radiografía y vieron que tenía un crayón en el cerebro. Así descubrieron que  esa era la razón por la cual era tan tonto. Lo que me pareció interesante fue una reflexión que hizo el propio Homero en la escuela de sus hijos. Él se levantó y le dijo a todos los niños: “He venido a ofrecer esperanza a los menos porque todos tenemos un crayón en la nariz. Tal vez no sea un crayón de cera, tal vez sea un crayón hecho de prejuicios”.

El episodio no trataba el tema de los prejuicios y aun así esa frase es tan cierta. Lo que quiso dar a entender es que los prejuicios se pueden alojar en nuestro cerebro desde que somos pequeños y cambiar por completo nuestra manera de ver la vida. Nos pueden hacer tontos, nos pueden cegar, nos pueden hacer quedar mal ante los demás. Todos podemos tener prejuicios -algunas veces no lo sabemos- pero muy pocos están dispuestos a despojarse de ellos.

Del estereotipo vienen los prejuicios

Para empezar, la Psicología Social nos dice que todos -sí, todos- tenemos estereotipos. Los estereotipos son las impresiones que tenemos de una persona y que formamos a través de nuestras creencias y las de los demás. De acuerdo a sus comportamientos y la información que poseamos sobre culturas, profesiones o grupos sociales, podemos categorizar a las personas.

Debo resaltar que en primera instancia esto no es “malo”. Nuestro cerebro lo puede hacer de manera automática como un mecanismo de ahorro de energía. Es decir, ahorramos tiempo en un proceso que involucra estudiar a la personas. Y claro, detallar sus características tanto físicas como conductuales para poder formar opiniones.

Puede parecer complicado al principio, pero confieso que es sumamente apasionante el tema. En fin, algo importante que debemos saber es que así como todos tenemos estereotipos, también podemos tener prejuicios.

Llegando al punto

Tengamos claro algo: el estereotipo parte de lo cognitivo, el prejuicio de lo afectivo. Pero hay otro detalle, el prejuicio es un estereotipo con carga negativa que se puede evidenciar en nuestro comportamiento (discriminación).

A veces dejamos que la sociedad y lo que ella cree correcto se interponga en lo que nosotros pensamos. Nos condiciona a emitir opiniones negativas de los demás. Juzgamos antes de conocer a una persona y con eso sólo nos estamos impidiendo tener nuevas experiencias.

Es posible que al final nos dejemos llevar por actitudes que realiza la persona para ocultar su verdadera forma de ser. Todos tenemos mecanismos de autodefensa y no es tan fácil identificarlos cuando nos limitamos a hablar de ellos a lo lejos.

El prejuicio es hablar sin saber. Es guiarte por lo que ves y aunque las acciones pueden hablar por sí solas, de vez en cuando hay que darle la oportunidad a las demás personas.

Con prejuicios no se disfruta un viaje, no se conocen amigos, ni tampoco disfrutamos de la vida a plenitud. Es dejar que se atore un crayón en el cerebro. No es necesario una radiografía, podemos notarlo de acuerdo a la manera en la que nos alejamos o hablamos de los demás. Costará mucho evitarlo porque pueden ser respuestas inconscientes, pero podemos tratar de no recurrir a ellos.

La tolerancia y la empatía siempre son buenos aliados. Y las ganas de llenar nuestra vida de buenos recuerdos es la mejor manera de usar el crayón para colorear nuestras experiencias.

Procura que el crayón está en la mano porque de seguro en la cabeza estorba.