El respiro que deseo encontrar en Mérida

Todos los años viajo a Mérida con mi mamá para visitar a mi abuela. Es un estado que me gusta: las montañas, el frío, la amabilidad de los merideños… Siempre me ha molestado que nunca tengo buena señal, debo admitirlo. No logro mandar mensajes ni recibir llamadas. Me siento incomunicada con el mundo exterior.

Hace tiempo que estoy un poco agobiada por este año, por la ciudad, por la gente. Es por ello que aprovecharé este viaje de otra manera: una desintoxicación tecnológica y citadina. Trataré de conectarme conmigo misma, con mis emociones, pensamientos, deseos. Trataré de fijarme las metas del próximo año, trazarme planes, organizar -aunque sea un poco-mi vida. Ubicarme, proyectarme y entenderme.

Que Mérida me ayude

Esta vez usaré la montaña como una excusa para perder la señal. He estado sumergida en las redes sociales, en las películas por internet y en tener una vida a través de una pantalla de computadora. No suelto mi teléfono ni para comer, no me separo del WiFi y creo que me estoy perdiendo a mi misma.

Es darme un respiro de tanta tecnología y sentir más la naturaleza. Aprovecharé estos pocos días para alejarme de todo y sentir el aire en mi cara. Obviamente no es un adiós demasiado largo porque debo comunicarme con mi hermana, mi papá, mis amigos. En algún momento tengo que “volver a la red” porque simplemente hay que hacerlo (universidad). Pero por ahora aprovecharé este tiempo en Mérida.

Adiós, ciudad

Debo oler las páginas de un libro viejo y oír música sin audífonos. Que sea Mérida la que me ayude a (re)encontrarme. Me imaginaré que estoy realizando un voluntariado con AIESEC pero en este momento estoy ayudando a mi yo interior. Suena muy espiritual pero todos deberíamos hacerlo aunque sea una vez.

Veamos qué tal resulta y si surge una buena experiencia para este blog.