Errores de una primera entrevista. Serie 2/4

La primera vez que me tocó realizar una entrevista me pareció que no sólo evaluaba al entrevistado sino a mi compañera de equipo. Realmente no estaba acostumbrada a pautar una entrevista y tener que hacerle preguntas a otra persona para evaluar sus respuestas. En ese entonces era una especie de “chica de escritorio”, lo mío no era salir al campo.

Estaba nerviosa, lo admito. Muchos no saben lo que implica conocer a una persona y saber si es la indicada para un puesto. Además de que eres la responsable de decirle -si es el caso- que no fue aceptado. Para mí es un poco difícil la parte del “no” y la despedida. Tienes espacio de ser motivadora y decirle que puede volver a intentarlo, que quizás no es su momento pero no deja de ser duro. Es como si tú lo rechazaras. Y en partes es así lo rechazas…

En todo caso, ese día mis nervios estaban presentes. Ya me había leído el manual. Mi vicepresidenta me había instruido. Tenía una herramienta de evaluación con las preguntas. Aún así no me sentía preparada. Pero como uno de los objetivos de AIESEC es ayudarte a “salir de tu zona de confort“, ahí estaba yo. Tratando de hacer lo mejor.

Entrevista con una serie de errores

No sé si fue porque me metí en el papel de entrevistadora pero aun con mi experiencia prácticamente nula supe que no lo estábamos haciendo bien.

Un entrevistado debe tener tanta seguridad de lo que hace como aquél que entrevista. Pero de ninguna manera -desde mi punto de vista- el entrevistador debe sentir un Dios. No somos superiores por estar de un lado de la mesa, ni por tener el lapicero rojo evaluador en la mano. No puede parecer que queremos pisotear al otro ni preguntarle hasta que nos cuente su secreto más profundo. Aún así mi compañera de equipo, la que sería mi apoyo a la hora de entrevistar, se convirtió en el coronel Hans Landa de Inglourious Basterds. Sólo quería intimidar y demostrar “poder” hasta el punto de preguntar de un modo un tanto prepotente que resultaba realmente.

La manera como se sentaba hacía creer que no estaba interesada en oír lo que el otro decía. Y es que la postura también requiere atención. Su mirada era acusadora cuando contestaban algo que no era lo que ella pensaba correcto. Leímos las preguntas hasta el punto de quitarles espontaneidad, frescura, sinceridad. Simplemente leíamos y repetimos como en un guión, sin permitir que todo fluyera de acuerdo a la situación.

De los errores también se aprende

Creo que uno de mis mayores errores fue, notar tantas equivocaciones y no evitarlas al momento. Claro, sin necesidad de interrumpir o predisponer a mi compañera ni quitarle cierto rasgo de autoridad. Pero recordarle que el liderazgo no es una línea vertical y que entre más confianza creemos más posibilidades de conseguir respuestas sinceras tendremos.

Es necesario oír tanto como observar y no imponernos. Tampoco creernos que somos superiores por el simple hecho de ser quien evalúa. Ese día supe lo que no se debía hacer porque la primera vez -casi- siempre se falla.

Seguramente tuvimos más errores que ahora se me escapan. En todo caso, espero no llegar a repetirlos.


Continúa la experiencia de las entrevistas

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