Mi experiencia AIESECa (Capítulo II): ¡Me voy de intercambio!

Ya había pasado seis meses en la organización y su fin principal es lograr la paz mundial a través de intercambios culturales, no era posible ser parte de AIESEC sin realizar un intercambio y así fue como una noche, en medio de las protestas en Venezuela, uno de los chicos de AIESEC me dijo “Aiz, vámonos de intercambio” y yo sin mucho pensar dije que sí. Busqué los documentos que me pidieron, firmé el contrato –sin decir nada a mis padres y sin tener el dinero para irme- pero lo hice, ya resolveré, pensé. En efecto, resolví, pedí dinero prestado, vendí mi laptop y una ropa, compré el pasaje de avión, busqué los dólares en el banco y me fui a ser voluntaria en Bogotá, a enseñar a leer y escribir a unos abuelitos en un proyecto llamado Alfabeta, la segunda mejor decisión de mi vida.

Me pasaron muchas cosas antes de irme, empezando porque se me perdió la cédula el día que tenía que retirar los dólares en el banco, sin cédula no me los daban, sin dólares no me iba –respira, todo va a estar bien- resolví con mi pasaporte, me dieron mi cuestión y me fui a casa pensando ¿dónde rayos está mi cédula, cómo se viene a perder una semana antes de irme del país? Primera vez que salía de mi país, sola, con una organización en la que solo llevaba seis meses… ¿qué clase de gente haría eso? ¡AIESECos! es oficial, ya era una de ellos.

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Mi experiencia AIESECa (Capítulo II): ¡Me voy de intercambio!

” me iba de intercambio con una “amiga” que nunca había visto y que vivía del otro lado del país, pero era mi amiga, era AIESECa como yo y eso bastaba para hacerme sentir más tranquila –no tenía idea de lo que viviría después con ella- cosas buenas y malas pero siempre divertidas.” Foto de Eilidibeth.

Llegó el día de irme, no dormí entre los nervios y la emoción. A las 5 a.m. ya estaba lista para irme al aeropuerto, el vuelo era a las 8 a.m. iría a Caracas y de ahí a Bogotá. Llegué a Caracas a eso de las 9 a.m., no hubo retrasos, excelente. A eso de las 11 a.m. llegó otra chica de AIESEC, desde Puerto Ordaz; me iba de intercambio con una “amiga” que nunca había visto y que vivía del otro lado del país, pero era mi amiga, era AIESECa como yo y eso bastaba para hacerme sentir más tranquila –no tenía idea de lo que viviría después con ella- cosas buenas y malas pero siempre divertidas, Eili es como un osito cariñosito y yo soy medio grinch, imaginen esa combinación. Nuestro vuelo a Bogotá era a las 9 p.m. nos llamaron a la puerta de embarque y comenzó la aventura. ¡Me voy de intercambio! Sí, era increíble.

Una vez en el avión nos dieron comida, nunca había comido en un avión, hasta eso me parecía superemocionante en ese momento, el viaje fue rápido y tranquilo; era más cerca ir a Bogotá que a Puerto Ordaz desde Maracaibo, qué risa me dio eso, desde ese entonces para mí PZO se convirtió en Brasil. Llegamos a Bogotá a las 9:30 p.m. (hora Bogotá), nos recibió una chica de San Cristóbal que ya había llegado, una chica de AIESEC en Colombia y su papá -cuánto le debemos a ese señor, fue un sol- una vez salimos del aeropuerto hacía un frío increíble, abrí los brazos y dije esto nunca pasaría en Maracaibo y reí. Nos subimos en el carro con los vidrios empañados por el frío y fuimos hasta el apartamento donde viviría seis semanas con 9 venezolanos más, siete gochos, otra maracucha y Eili, de Brasil (Puerto Ordaz). ¡Qué loca familia, pero cómo me hicieron crecer y reír!.

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No todos llegamos el mismo día, durante cuatro días estuvieron llegando, la última fue Andrea, de Mérida, llegó a las 6 a.m. despertándonos a todos con besos y abrazos, queríamos golpearla, pero fue algo que todavía, dos años después recordamos – y todavía queremos golpearla- pero en ese momento se completó la extraña familia de venezolanos en Bogotá. Solo una, la otra maracucha no era de AIESEC y se volvía loca cada vez que empezamos a hablar en acrónimos y adivinen qué pensaba… ¿qué clase de gente es esta? ¡AIESECos!