Mi experiencia AIESECa (Capítulo III): Mi intercambio en el proyecto Alfabeta

Unos días después de haber llegado todos a Bogotá, nos dieron una charla para explicarnos cómo movernos en la ciudad, cómo era el transporte, cuáles eran los sitios turísticos, etc. Mauricio era de AIESEC Colombia y estudiaba ingeniería ambiental, qué carrera más rara pensábamos, pero él es un apasionado por ella; un día fuimos con él al jardín botánico y nos explicó sobre todas las hojitas y flores, incluso hizo que algunos olieran unas que causaban una leve alergia, fue bastante divertido y jamás pensé que existiera todo ese mundo verde.

Mi intercambio en el proyecto Alfabeta 1

“onocimos a la directora del comedor social y a los abuelitos, no sabíamos muy bien qué hacer pero de lo que estábamos seguros era que nuestras vidas cambiarían en esas seis semanas. “

La primera vez que fuimos al sitio donde haríamos el voluntariado, fuimos con otra chica de AIESEC Colombia, Paula se llama, ella se convirtió en un ángel para mí (luego les cuento). Paula siempre tiene una sonrisa en la cara y una buena vibra que contagia, pero definitivamente es muy mala con las direcciones y bueno, nos perdimos. Yo con mi instinto maternal me dispuse a cuidar a los pollitos, llamé a un amigo que estaba ya en el comedor al que debíamos llegar y le pedí que me explicara –una dirección en un lugar que ni sabía que existía minutos atrás- pero una vez más resolví y llegamos. Conocimos a la directora del comedor social y a los abuelitos, no sabíamos muy bien qué hacer pero de lo que estábamos seguros era que nuestras vidas cambiarían en esas seis semanas.

Los primeros días nos preocupamos por hacer materiales de enseñanza, cartillas, dibujos, juegos didácticos y todo lo que considerábamos útil para esta ardua tarea. Cada uno de nosotros se quedó con 2 o 3 abuelitos para enseñarlos y para tener la dicha de que ellos nos adoptaran como sus nietos. Los días pasaban y ellos aprendían a leer y escribir mientras nosotros aprendíamos a valorar cada minuto de nuestras vidas, empezamos a sentirnos agradecidos de poder haber estudiado en colegios, tener nuestros títulos de bachiller, estar estudiando las carreras que nos gustan en la universidad o incluso ser ya profesionales; estas cosas siempre las dimos por sentado e incluso nos daba fastidio ir a clases y nunca pensamos que hay gente que daría lo que fuera por estar en una silla con alguien dedicándole tiempo y enseñándoles algo. Valiosa lección.

Con el pasar de los días, llegaron unas sorpresas, tres niños cuyos padres no tenían el dinero para pagarles el colegio; yo le presté a mi abuelita a un amigo, y me quedé con los niños. Ness; quien a final del intercambio se robó a mi abuelita, es de Valencia, fue AIESECo mucho antes que nosotros y ya había estado de intercambio en México, grandes historias que contar.

Mi intercambio en el proyecto Alfabeta 2

“Cada uno de nosotros se quedó con 2 o 3 abuelitos para enseñarlos y para tener la dicha de que ellos nos adoptaran como sus nietos. Los días pasaban y ellos aprendían a leer y escribir mientras nosotros aprendíamos a valorar cada minuto de nuestras vidas…”

Tuve que empezar de nuevo con mis pichurritos, dos niñas y un niño que era el hermanito mayor de una de ellas y que además tenía una condición especial, no me sentía preparada para darle la atención que él requería pero tenía todas las ganas del mundo de enseñarle lo más que pudiera. Durante esos días una de las niñas cumplió años, Stephany es una niña brillante, amante de la Princesita Sofía y de los libros de colorear, el día de su cumpleaños le regalé un globo de helio de la princesa Sofía y tres libros de colorear, su sonrisa y su cara de sorpresa fueron el mejor regalo que alguien pudo darme alguna vez, sin olvidar la cara de agradecimiento de parte de sus padres. ¡Qué día tan memorable!

Los días transcurrieron y llegaba el final del intercambio, sentimientos encontrados y a flor de piel, ellos no querían que nos fuéramos y nosotros no queríamos dejarlos, esas seis semanas habían pasado muy rápido, sin embargo, todo valió la pena al verlos reír, aplaudir e incluso llorar de alegría al recibir sus diplomas de graduación y recibir diferentes regalos de nuestra parte, incluyendo un show musical donde Derson, también de Valencia y también AIESECo empezó a tocar todos los instrumentos que le pasaran con el único fin de hacer bailar a todos y lo logró.

Fueron seis semanas llenas de aprendizajes, de caminar mucho, de compartir con otras personas, probar nuevas comidas, conocer nuevos lugares, buscar maneras divertidas de enseñar, tomar tinticos; días de crear historias, de comer arepas con huevo, de probar cualquier alimento con bocadillo, de odiar el bocadillo, pero lo que nunca, nunca faltó fueron risas y recuerdos que siguen presentes aún dos años después.