Mi experiencia AIESECa (Capítulo IV): La decisión más difícil

En AIESEC hay dos programas de intercambio, uno de voluntariado y uno profesional, ya había realizado el voluntariado y llegaba a la puerta la oportunidad de hacer el profesional. Una vez más, pero ahora pensándolo bastante decidí arriesgarme e ir a la entrevista para este intercambio, allí mismo en Bogotá, el detalle es que no tenía ni donde vivir, ni dólares suficientes para sobrevivir hasta mi primer sueldo, ni tendría a mi lado a esos que habían sido mi familia las últimas seis semanas. Con mucha ansiedad fui a la entrevista, acompañada de César y Omaira, ellos también aplicarían a la entrevista. El día siguiente dieron los resultados, pasé… estoy seleccionada para quedarme en Bogotá seis meses más dando clases de inglés en esta oportunidad, sola, sin dinero y sin casa…. ¿qué clase de gente haría eso? AIESECos.

También te puede interesar: 10 fuentes de motivación para Emprendedores

“Al siguiente día me mudé a casa de Ali, así le decía Paula a su abuela por cariño y es la mejor abuela de todo Colombia. ..”

Hice una llamada telefónica a mi madre, mi pasaje de vuelta era el lunes y la llamé un viernes, la saludé, ella emocionada me decía que solo faltaban dos días para volver cuando la interrumpí y le dije, tengo que decirte que no, me quedaré aquí seis meses más a lo que obviamente recibí un ¡¿QUÉ?! Le expliqué todo y después de un largo silencio me dijo que estaba loca pero que si ya me había decidido ella sabía que no iba a cambiar de opinión. Mi única ventaja era tener un hermano en Medellín que me enviaría dinero para sobrevivir mientras me pagaban mi primer sueldo, sin embargo seguía sin casa. Nunca había apreciado tanto tener un techo donde dormir. Estuve en cuatro casas diferentes con mi maleta y todas mis cosas durante cuatro días. El quinto día, Paula me dijo que podía quedarme con su abuelita mientras conseguía alquilar un lugar para vivir, fue la mejor noticia que escuché esa semana. (¿Ya ven por qué fue mi ángel?).

Al siguiente día me mudé a casa de Ali, así le decía Paula a su abuela por cariño y es la mejor abuela de todo Colombia. Ali me recibió en su casa sin pedirme nada a cambio, me preparó un cuarto solo para mí, me dio todas las comidas y me hizo la más reconfortante de las compañías mientras empezaba una nueva aventura que definitivamente me haría madurar unos cinco años en meses. Todas las mañanas me hacía chocolate caliente y me compraba de mi pan favorito, de verdad, es la mejor abuela. La mamá de Paula y Paula también nos hacían compañía seguido, incluso tíos de Paula y niño, su perrito besucón, no podría olvidarlos jamás, gracias a ellos viví un mes tranquila y feliz.

“Empecé mi siguiente intercambio en un colegio lejísimos y mi compañero de trabajo era de China, irónicamente, le tengo miedo a los Chinos, sí, sé que es muy raro, pero es un miedo que he tenido desde pequeña y no sé por qué….”

Empecé mi siguiente intercambio en un colegio lejísimos y mi compañero de trabajo era de China, irónicamente, le tengo miedo a los Chinos, sí, sé que es muy raro, pero es un miedo que he tenido desde pequeña y no sé por qué. Pueden imaginar mi cara cuando me presentaron a mi compañero chino, muy chino. Intenté disimular pero tenía que pasar mucho tiempo con él y un día, ya cuando le fui perdiendo el miedo me atreví a decirle, en plena calle mientras íbamos a la parada de bus “me dan miedo los chinos” se quedó parado y me miró con la cara de sorpresa más graciosa que he visto en mi vida, intenté explicarle y decirle que ya él no me daba tanto miedo e incluso le di un abrazo pero él no sabía qué hacer.

Con los días, Noah siempre me preguntaba si aún le tenía miedo y trataba de no acercarse mucho para no asustarme, era muy gracioso. Poco a poco nos fuimos haciendo grandes amigos, aún hablamos e incluso tenemos fotos. Todos mis amigos cercanos se asombraron de que yo, Aiz, tenía un amigo chino ¡cosas que logra AIESEC! como un mes después me cambiaron de colegio, en esta oportunidad mi compañera era de Brasil, con padres japoneses, de verdad creía que los de AIESEC en Colombia lo hacían a propósito, pero si algo les puedo asegurar es que lograron que quisiera mucho a dos asiáticos y que los recuerde con una sonrisa.

Capitulo 4

“Mis niños en los cursos de inglés fueron increíbles, llenos de energía, superingeniosos y muy divertidos; también tenía una clase llena de malportados pero que al final se encariñaron tanto conmigo…”

Mis niños en los cursos de inglés fueron increíbles, llenos de energía, superingeniosos y muy divertidos; también tenía una clase llena de malportados pero que al final se encariñaron tanto conmigo, a pesar de los regaños constantes, que se pusieron a llorar cuando me fui. El día de mi cumpleaños me tocó pasarlo con ellos y me llenaron de regalos, mis compañeras de trabajo me hicieron una sorpresa, otro de mis grupos decoró mi escritorio y me regalaron flores, de verdad fue uno de mis cumpleaños más especiales. Como se imaginarán, quedarme en Colombia y hacer este intercambio si bien fue la decisión más difícil, también fue la tercera mejor decisión de mi vida.

También te puede interesar: Responsabilidad, ¿La asumimos o decimos “yo no fui”?

Fueron siete meses repletos de emociones y aprendizajes, de transformar mi vida e impactar la de otros, siete meses inolvidables y que definitivamente me hicieron sentir que cambié mi mundo y el de unas cuantas personas más. Lo mejor de esto, aunque muchos no estuvieran de acuerdo, fue volver a Venezuela, a estar en mi casa, con mi familia y amigos de toda la vida –que definitivamente valoro mucho más- volver a este país que aunque esté en crisis me dio la vida, me formó y me impulsó a vivir todas esas experiencias, Venezuela me permitió ser parte de AIESEC y probablemente si no estuviéramos en la crisis que estamos, no existiría una organización como esta.

Gracias AIESEC por regalarme las oportunidades de haber tomado las mejores decisiones de mi vida.

Orlando final Intercambio

PD: Hay alguien que aunque no nombro en los relatos pasó todo ese tiempo conmigo y me demostró de qué están hechas las verdaderas amistades… Ese al que siempre llamaré hijo y que me llena de orgullo decir que soy su amiga, Orlando, gracias por ser y estar, te amo.