Protagonistas anónimos: Eugenia del Rosario

Además de ser dueña de una mirada intensa y una sonrisa enérgica, Eugenia es de esas personas que tiene una facilidad increíble para llenar de buenas vibras cualquier lugar.  De un momento a otro pasa de ser una persona graciosa y risueña que te cuenta una historia graciosa a una mucho más seria. Impone autoridad y te motiva a estar atento a cada una de sus palabras.

Para mí AIESEC es real, tangible y lo que hago aquí afecta y cambia vidas de manera positiva. Eso no tiene precio.

Ella puede llegar a una reunión con una bota de seguridad en la pierna porque se torció el pie bailando en una fiesta, o explicar que la franela de la organización le hace ver “cauchitos”.

Eugenia te alegra el rato, pero cuando adopta su papel de Presidenta de AIESEC en UCV es clara y precisa. Ella siempre sabe lo que tiene que decir.

“Nunca, jamás de los jamases” se hubiese imaginado siendo presidenta de una organización, pero se dio cuenta que fue una de las mejores decisiones. Ha aprendido muchas cosas a lo largo del camino.

Eugenia cambió

Como miembro de la organización llegó a realizar un intercambio de corte social (voluntariado) que le cambió la vida. Vivió seis semanas con una familia que la aceptó como a una hija. Llegó a una ciudad en donde no sabía dónde queda el metro (Medellín, Colombia). Hizo amigos que no sabía si volvería a ver. Conoció una cultura nueva –para ella–, y se dio cuenta de lo diferente que es leer sobre algo a vivirlo.

Eugenia cuenta que con su proyecto social enfrentó a su miedo más grande: “darse cuenta que a veces tu mejor intención y tu mayor esfuerzo no son suficientes. Que hay cosas que no se pueden cambiar. Que la vida es realmente injusta… pero está en nuestras manos hacerla lo más vivible y feliz para los demás que nos sea posible”.

Trabajó con niños y se esforzó por hacerlos reír, enseñarles algo que no sabían y mostrarles un mundo de oportunidades.

Ese fue mi pequeño aporte a sus vidas y eso me hace estar orgullosa de mí misma.

Eugenia y AIESEC

Más allá de AIESEC

Eugenia también formó parte de un Modelo de Naciones Unidas. Para ella fue de las mejores experiencias. Aprendió sobre oratoria, negociación y métodos de estudio efectivos. Fue una fase: la vivió, aprendió y se preparó para la vida.

Esas etapas le han permitido definirse como alguien dinámica, coherente y soñadora. Además tiene siempre en cuenta una frase: “No siempre podrás estar motivado, tendrás que aprender a ser disciplinado”.