Rebeldes con causa

 “Esto es por los locos. Los rebeldes. Los alborotadores. Los que ven las cosas de manera diferente. Mientras que algunos pueden verlos como los locos, nosotros vemos genios. Porque las personas que están lo bastante locas como para creer que pueden cambiar el mundo, son las que
lo hacen.”  
– Apple

Cuando Apple ideó el ahora famoso eslogan “Think Different” y la filosofía detrás de él, su objetivo principal, era reivindicar la posición de todas aquellas figuras que habían calado en la historia en base a la firme creencia de que pensando diferente podían generar un verdadero paradigma. La campaña se sostenía en fidelizar antes que vender. Apple rescató en su momento la idea de que la rebeldía era un concepto inseparable de la innovación. Y para todos aquellos que alguna vez nos hemos permitido sentirnos inspirados por grandes figuras, se nos vuelve evidente que el principal punto de innovación llegó en ese momento donde se permitieron no hacer lo que se esperaba que hicieran.

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Todos los que formamos parte de AIESEC hemos sido testigos, directos o indirectos, de comentarios que poco favorecen a nuestra organización. “Lo niños buenos que quieren cambiar al mundo” escuché hace poco, acaso como un comentario jocoso que pretendía desvirtuar el trabajo que miles de jóvenes realizan alrededor del mundo. Sin embargo, basta con entender la magnitud de nuestro movimiento para darnos cuenta que, efectivamente, AIESEC está promoviendo un cambio. Somos 100.000 jóvenes y 128 países que creen en nuestro objetivo y trabajan todos los días para promover ese necesario viraje, en un mundo que parece resistirse a cambiar. Nos hemos propuesto ser parte del verdadero cambio en un mundo donde la armonía parece un concepto cada vez más lejano. Hemos decidido ser parte de una transformación, con la firme creencia de que los pequeños actos también valen, una persona a la vez. ¿No nos hace esto unos verdaderos rebeldes?

Somos rebeldes en el momento que decidimos perseguir un objetivo, aún en contra de las aparentes dificultades, convencidos de nuestro poder y nuestras ideas. No es sedición ni amotinamiento: es rebeldía con causa, al estilo millenial. Somos insurrectos preparados, conscientes de nuestro entorno, tercos, fascinados por el mundo, pero, sobre todo, potenciales líderes (líderes verdaderos, empáticos, inclusivos, diversos, más humanos).

Sabiendo esto, con base en mi experiencia en AIESEC y consciente de los miles de rebeldes que están allá afuera, me atrevo a copiar aquí cinco cosas que todos los rebeldes con causa deberían saber:

 

“Un rebelde comprende dónde debe darse el cambio y qué pasos seguir para generarlo.”

 1.- Cuestiónalo todo.

  No se trata de desobediencia ni desconfianza: es sobre innovación. La cuestión es dudar de lo ya establecido, de lo usado y de lo ya conocido, y atreverse a buscar formas diferentes de hacer las cosas y abordar los problemas. Es muy fácil implementar cien ideas que ya han sido usadas y comprobadas, pero ejecutar una idea novedosa requiere de valentía y tenacidad.

2.- Para un rebelde, el único verdadero pecado es la ignorancia.

Un rebelde conoce y entiende la causa por la que lucha. Está consciente de su entorno y de los que lo rodean. Sabe cuáles son sus capacidades y admite sus puntos ciegos. Un rebelde comprende dónde debe darse el cambio y qué pasos seguir para generarlo. Mira hacia atrás, no para hacer lo que los otros hicieron, sino para deducir lo que nunca se ha hecho e implementarlo.

3.- Si lo único que quieres es reconocimiento, trabaja solo. Si quieres un verdadero impacto, busca a otros rebeldes.

La fórmula es bastante simple: si una mente fuera de lo común puede generar un cambio, cien pueden generar un enorme cambio.

4.- Las dificultades no se destruyen: se transforman.

Para un rebelde, resulta insoportable verse frenado por los obstáculos o las adversidades. Son orgullosos y se niegan a pensar que hay cosas que no pueden ser solucionadas. Si una dificultad no puede ser resuelta, por lo menos puede ser transformada en una oportunidad, justo como un fracaso, de no poder ser evitado, se puede tornar en una enseñanza.

 

“Las armas de los rebeldes son la tecnología, la transmisión y el ingenio.”

5.- Trabajan todos los días, pero no esperan resultados inmediatos.

Entendiendo la magnitud de su causa, un rebelde trabaja todos los días para lograr sus objetivos, pero está dispuesto a esperar para ver los resultados, consciente de que sólo bajo la debida paciencia y el trabajo constante pueden gestarse los verdaderos frutos del esfuerzo.

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Plus.- Un rebelde se vale de sus armas.

Ni cuchillos ni ballestas, ni nada que se le parezca. Al mejor estilo millenial, las armas de los rebeldes son la tecnología, la transmisión y el ingenio. Se valen de sus recursos y entienden el poder de la palabra y de la comunicación.

 En base a tu experiencia coméntanos,  ¿qué cosas crees que todo rebelde con causa debe saber?