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Se busca un país

Los venezolanos amamos a nuestro país desde el nacimiento, sentimos a nuestra tierra como quizás ninguna otra persona de otra nacionalidad siente a la suya. Nos sentimos orgullosos cuando vemos a uno de los nuestros triunfar tanto dentro como fuera de nuestro país y decimos sin pensarlo 2 veces que tenemos la mejor geografía del mundo, desierto, selva, nieve y playa.

También, decimos que tenemos a las mujeres más bellas de la faz de la tierra, la mejor gastronomía, la mejor música, etc., y así podemos seguir diciendo tantas cosas hasta llegar al punto de decir “Venezuela es el mejor país del mundo”… He allí nuestro error, no somos el mejor país del mundo, y nos falta mucho para serlo, seamos realistas, Venezuela afronta actualmente tantas problemáticas que se me iría todo el artículo nada más mencionándolas, pero esa no es mi intención, ni tampoco la intención de AIESEC en Venezuela.

En AIESEC en Venezuela creemos que a través del liderazgo joven podemos sacar a nuestro país hacia adelante, y por eso actualmente poseemos aproximadamente 400 personas formándose día a día como los líderes que tomaran la batuta para guiar a nuestra nación a solucionar todas estas problemáticas. Por eso en este artículo les comentaré del país que se busca, por el que nos levantamos temprano cada mañana y nos trasnochamos cada noche, ese país que buscamos.

Se busca un país donde no existan más homicidios, donde la corrupción no tenga cabida, donde las familias puedan caminar tranquilas en las calles a cualquier hora del día.

Se busca un país donde ningún niño vuelva a morir de hambre, donde todos tengan las disponibilidad de comer mínimo las 3 comidas fundamentales del día, donde se pueda dormir tranquilo sabiendo que no pasarás hambre al otro día.

Se busca un país con buenas bases económicas, donde lo que consumamos se produzca en nuestra tierra, donde el sueldo no sólo te alcance para subsistir sino para vivir con todas las comodidades que se permita.

Se busca un país sin analfabetismo, donde todas las personas hayan tenido una buena educación, donde el que se gradúe no tenga que buscar trabajo en otros países porque en el nuestro sobran las oportunidades.

Se busca un país donde se acepten las diferencias, donde todos tengan cabida y las mismas oportunidades sin importar su sexo, raza, género, religión, ideología política, y cualquier otra característica que te pueda hacer distinto a los demás.

En fin, me quedo corto de tantas cosas que buscamos, incluso puede que por ser tantas piensen que no estamos cuerdos, pero si no estar cuerdo es creer que nuestro país tiene mucho potencial por aprovechar, que podemos resolver todas nuestras problemáticas, que es posible conseguir la paz y el pleno desarrollo del potencial humano, entonces sí, en AIESEC en Venezuela no estamos para nada cuerdos, porque definitivamente creemos en ello, y damos el todo día a día para conseguirlo.

Por eso y mucho más en AIESEC en Venezuela se busca un país, un país para ti, para mí, para todos.

La educación en Venezuela

En algún momento todos nos hemos preocupado por Venezuela y sabemos que existe un problema, pero no estamos al tanto de la gravedad de este o la manera en que impacta a cada sector de la población.

Para reflexionar…

Uno de los sectores que más debe preocuparnos son los jóvenes. Todo esto es un desafío muy grande para los adultos, imagina qué tan difícil debe ser para un menor.

Así pues, nuestro papel cómo adultos es procurar el desarrollo íntegro de los jóvenes; procurar su salud y estar seguros que su educación es de calidad. Esto debe ser prioridad.

No solo debemos formar personas con conocimientos prácticos y teóricos sino desarrollar individuos que se involucren. Aquellos que se volverán el futuro del país, aquellos que ayudarán a prosperar y aprenderán de la historia de su nación.

Seamos realistas.

El problema importante: “La educación en Venezuela no está cumpliendo con estos requisitos“. No se puede asegurar la formación idónea de los estudiantes que sea accesible para todos o que fomente los valores; tampoco busca inculcar la semilla del conocimiento en los jóvenes.

¡Podemos actuar!

¡Basta ya de permitir que esto siga sucediendo! Jóvenes, líderes en potencia, amantes de la rectitud y los grandes desafíos podemos cambiarlo.

AIESEC en Venezuela se ha comprometido con los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) que la ONU propuso en el 2015 y una de ellas es:

¡Educación de Calidad!

Pero para alcanzar estas metas, todos deben hacer su parte: los gobiernos, el sector privado, la sociedad y personas como tú.

Tú tienes en la oportunidad de hacer un cambio, ayuda a que la educación en Venezuela mejore.

¡Yo quiero actuar!

Puedes empezar por decirle a todos acerca de estos objetivos. Y si estás más interesado puedes entrar a: http://youth4globalgoals.org dónde podrás saber más sobre nuestra organización y como puedes impactar.

¡Creemos en tí y en tu potencial como agente de cambio!

Venezuela, una gran oportunidad de crecimiento

Últimamente he notado que las personas de otros países que vienen a visitar Venezuela tienden a enamorase de este hermoso país y querer visitarlo en próximas oportunidades, a creer en que tiene el potencial para salir adelante a pesar de la adversidad; que tiene personas que trabajan día a día buscando un mejor país tanto para ellos como para la sociedad futura; que a pesar de todo el venezolano no se queda de brazo cruzados y sigue buscando desarrollarse; que al mal tiempo el venezolano siempre busca ponerle buena cara; que por muy poco que pueda tener el venezolano siempre busca compartir y ayudar al que lo necesita, y que por sobre todas las cosas creen firmemente que Venezuela es una gran oportunidad de crecimiento.

 Quizás me he quedado corto en cuánto a todo lo que he escuchado decir a esas personas que vienen a visitarnos, pero me quedo mucho con esa frase de “Venezuela es una gran oportunidad de crecimiento”, me quedo con ella porque sin dudarlo pienso que es así, y me causa mucha alegría y satisfacción el saber que personas de otros países lo creen tanto como yo, que lo creen incluso mucho más que tantos venezolanos que ya han perdido la esperanza en nuestro país.

 En AIESEC en Venezuela tenemos una gran campaña llamada “I bet on Venezuela”, en la cual queremos demostrarles a personas de otros países que Venezuela es mucho más de lo que ven en las noticias, que Venezuela es su paisaje que parece sacado de un cuento de hadas, en donde tenemos desde picos templados hasta desiertos, en donde tenemos desde una costa gigante hasta una selva amazónica. Que Venezuela es su gastronomía tan exquisita que parece que converge de todas las demás gastronomías del mundo, en donde tenemos a la mundialmente conocida arepa, como también el pabellón, el patacón, la cachapa, y el tan delicioso tequeño que no puede faltar en ninguna buena fiesta. Hablando de fiestas, el venezolano siempre busca la manera de celebrar y brindar por lo bueno, celebraciones que van desde fiestas nacionales, hasta cosas como que algún amigo haya pasado un examen final, y cómo no, el venezolano baila de todo, desde música nacionalista hasta las canciones más remotas del medio oriente, y es que así no sea un buen bailarín siempre termina atreviéndose a “echar un pie” como decimos. Que Venezuela ciertamente tiene a las mujeres más hermosas de Latinoamérica, y a los hombres más galanes.

 Pero sobre todas las cosas, Venezuela tiene a su gente, gente que de punta a punta del país siempre te recibirá con buena cara, te ofrecerá por lo menos una taza de café, y se sentará a conversar contigo sobre tus gustos y tus disgustos. Gente muy afectuosa que te tratará como si fueses parte de la familia, como si te conociera de toda la vida, que sin preguntarte de dónde provengas te abrirá la puerta de su casa, o te invitará a salir, te hablará de lo bueno y no tan bueno de Venezuela, y escuchará con mucha atención sobre tu cultura y tu forma de vivir dado que eso nos parece un tema sumamente interesante.

 La verdad es que amo a mi país, amo a Venezuela, y es algo que no puedo evitar, quizás muchas veces dudé de él, a todos nos ha pasado, pero en mi caso gracias a AIESEC en Venezuela he logrado conocer a personas de todo el país y el mundo que apuestan y dan todo lo que tienen por este país, por formar personas que un mañana serán los líderes que reconstruyan esta hermosa tierra.

 Realmente, no sé si este artículo lo he escrito con la intención de reflejar mi amor por Venezuela, o con la intención de que muchos amigos y compatriotas se sientan identificados con estas palabras, o aún más, con la intención de que personas de otros países vean realmente lo que es Venezuela, lo que somos, que se den la oportunidad de venir y conocer lo que es un país que sin duda los recibirá como otro venezolano más y que muy probablemente lleven en el corazón toda su vida. Sea cual sea el caso, el objetivo es el mismo y espero se haya logra, que no es más que dar a conocer a los venezolanos y al mundo que Venezuela más que una problemática, es una gran oportunidad de crecimiento.

4 mitos sobre voluntariado internacional que debes eliminar

Muchas personas a la largo de su vida se han planteado hacer un voluntariado internacional, ya sea porque se alinea con su carrera, por vocación, o por probar una nueva experiencia en su vida.

Probablemente tú también te has imaginado haciendo un voluntariado con niños de bajos recursos en África, con personas con enfermedades terminales en hospitales, con elefantes en algún santuario de Tailandia, etc., y es que hay una cantidad casi interminable de voluntariados que hacer alrededor del mundo. Sin embargo, muchas veces se ve frustrado este sueño por ciertos mitos que recorren las calles de boca en boca y que a pesar de que no van acorde a la realidad, frenan bastante esas ganas de tomar el voluntariado.

Aquí te traigo 4 mitos sobre voluntariado internacional que debes olvidar, para que puedas tomar con la mayor certeza tu voluntariado y así cambiar tanto tu vida como la de los seres involucrados con tu proyecto.

  1.  Es muy costoso de realizar: A pesar de que sí existe un gasto en cuánto a traslado y manutención, la mayoría de los proyectos te ofrecen beneficios que te reducen considerablemente los gastos que puedas tener, aparte de que con todo el aprendizaje y crecimiento que tendrás con tu voluntariado siempre será mayor la ganancia que la pérdida.
  2.  No cualquiera puede realizar un voluntariado: Si bien hay proyectos que necesitan perfiles y habilidades muy específicas, la mayoría tiene requisitos muy mínimos, además de que con la decenas de miles de proyectos que hay alrededor del mundo, te aseguro que siempre habrá siquiera uno en el que te adaptes completamente.
  3.  No se cambia al mundo con tu proyecto: Hay que estar conscientes de que por más que estarías solucionando una problemática con tu proyecto, esto por sí solo no significaría un cambio considerable a nivel mundial. Ahora velo de este modo, así como tú habrán miles de personas realizando proyectos para solucionar todas estas problemáticas, conformando todos una red mucho más grande que sí está realizando un cambio positivo considerable en el mundo, por lo que sí, con tu ayuda estarías aportando a ese gran cambio para bien que necesita nuestro planeta.
  4.  Es muy difícil conseguir un voluntariado internacional: Este es el mito más grande de todos, porque actualmente no es para nada difícil poder conseguir y tomar un voluntariado internacional. AIESEC tiene una plataforma internacional que te permite escoger entre miles de proyectos en más 126 países, donde podrás obtener información de primera mano sobre el proyecto que te gusta, además de contar con un sin fin de beneficios que harán de tu voluntariado la mejor experiencia de tu vida.

 

Ya sabiendo todo esto, ¿qué esperas para tomar el reto de hacer un voluntariado internacional?, te invito a que desde ya seas un agente de cambio, te invito a que seas un Voluntario Global.

Los engranajes del Reloj

En clase, la profesora Empresa les pidió a sus alumnos formar equipos para hacer el proyecto de fin de año. Uno de los equipos estaba conformado por Tecnología, Educación, Marketing y Administración, los cuales no se agradaban entre sí. Estando cerca la fecha de entrega, se reunieron en un recreo para definir qué harían.

Educación fue la que saltó primero, “¡Hagamos una escuela! Se llamará Reloj, porque será un fino y simple instrumento que todos deberían tener”, dijo.

Tecnología río con sarcasmo mientras Administración fruncía el ceño, pensando en lo tedioso que sería. Pero Marketing sintió curiosidad y preguntó:

“¿Qué es lo que la haría especial?”

“Una escuela preescolar, donde los niños aprendan de forma distinta y puedan explorar todas sus habilidades”, respondió con seguridad.

El rostro de Marketing se iluminó y comenzó a hacer bocetos en su pequeño libro de ideas de los posibles logos y del método de enseñanza a utilizar. Tecnología, que tenía un hermano pequeño llamado Software y una madre ocupada, de nombre Redes, vio en su mente como eso podría mejorar sus vidas. No se detuvo ahí y agregó:

“¿Qué les parece si esos padres pudieran registrarse en la web de la escuela y poder estar al corriente de las lecciones que sus hijos aprenderán? También me parece importante que los padres pudieran encontrar información relevante para fomentar la educación de los hijos en casa”.

Marketing y Educación saltaron de alegría al ver que el proyecto tomaba una nueva forma. Pero aún faltaba Administración, que no le agarraba el gusto al asunto, pues su padre Finanzas había sido profesor y se quejaba constantemente de que no se sentía valorado.

“Tendré las tareas más aburridas”, se quejó.

“¿No te das cuenta que sin tus conocimientos la escuela no podrá efectuarse? No es sólo sacar cuentas, sino poder aprovechar todos los recursos disponibles al máximo, para poder ofrecer el mejor servicio con las mejores herramientas y que, a su vez, todos los trabajadores reciban lo que se merecen”.

Los cuatro se miraron con orgullo y se pusieron en marcha, pues no había tiempo que perder. El futuro les esperaba.

Duna Manent, una española en Venezuela

Esta es la historia, desde mis ojos, de Duna Manent, una catalana de 23 años de edad que vino a mi cuidad a cambiar vidas. Llegó a Venezuela el 5 de enero del 2017, para ese entonces yo tenía algo menos de 2 meses en AIESEC pero muchísimas ideas en la mente y expectativas al máximo, eso sin contar que no era la única que estaba en la misma posición.

Los días previos a que llegara Duna ya podías ver lo invertidos que estaban todos los que la recibiríamos. Recuerdo cómo días antes Albani Jaimes, quien, para ponérselo más fácil al que lee, era la encargada número 1 de que la experiencia de Duna fuese inolvidable, me escribió para vernos y terminar de pulir los últimos detalles de su estadía.

La española” como naturalmente la habíamos apodado antes de que llegara, se quedaría en mi casa en el oeste de Caracas las primeras 3 noches y luego pasaría a mudarse al este de la ciudad en donde estaría el resto de las 6 semanas que incluía el proyecto para el que había venido a Venezuela. La idea de que Albani y yo nos viéramos ese día, incluía hablar sobre el proyecto, que en su caso era “Trazando Metas” y se trataba de discutir con niños sobre los Objetivos del Desarrollo Sostenible de la ONU, mediante dinámicas que ellos pudieran disfrutar y entender. Además, también aprovecharíamos el día para hacer el recorrido que Duna haría: desde donde viviría hasta el lugar donde la recogerían, para llevarla al barrio La Bombilla en Petare donde está ubicada la Fundación María Luisa Casar y los niños con quien ella trabajaría.

Honestamente saber que alguien vendría a mi país a hablar con niños, el futuro en miniatura, sobre temas como acabar la hambruna o la pobreza para el 2030, me emocionaba más de lo que soy capaz de escribir. Siempre he pensado que una sola persona no es capaz de cambiar el mundo, de acabar con todas las guerras y destruir todo lo que podamos considerar malo de la actualidad, pero sí veo la posibilidad de muchísimas personas como Duna regadas por el mundo contagiando a otros con la esperanza de un mundo mejor, y estoy segura que es desde esas esperanzas que comienzan las buenas ideas.

Duna llegó ese jueves y en los pocos días que estuvo en mi casa tuvo la oportunidad de conocer a mis padres y todo lo que eso implica. Ellos son fieles amantes de Venezuela, conocen el país como las palmas de sus manos. Verlos mostrándole desde videos de la Gran Sabana el primer día con tan sólo horas de haber llegado, hasta como comerse unos tostones la última noche que estuvo en mi casa me hizo darme cuenta de un montón de cosas. Este país, como cualquier otro en el mundo, puede tener sus fallas, sus malos ratos y sus defectos, pero son esos fieles amantes del país los que realmente lo curan de todo mal y Venezuela tiene gente de sobra así.

Después de que se mudara con Vanessa Da Silva, quien sería su alojamiento y algo así como su hermana en la ciudad -me atrevería a decir-, trate de ver a Duna durante los fines de semana que me permitía mi rutina. Las veces que nos veíamos también venían varias personas que al igual que yo querían hacer de sus días aquí los más inolvidables posibles.

En el camino vi personas como Vanessa que se enfocó en mostrarle hasta el último rinconcito del Ávila, lo más bonito que tiene Caracas, y a cambio Duna le enseño muchas otras experiencias que sé que ella valorara por siempre. También puedo hablar de otros quienes siempre estuvieron alerta de que Duna no pasara ni un solo día sin salir de casa desde el primer viernes con Leonardo, los demás días con Katherine, José, Ayimi, María Fernanda, Diveana, Sofía, María Carolina y pare usted de contar, hasta el último con Jesús y Alejandra. Siendo esta última una de las que más se enfocó en mostrarle al máximo cuan divertido puede llegar a ser venezolano o latino en general y quien sé que aprendió mucho de todo el tiempo que pasó Duna aquí.

Porque de eso se trataron estas 6 semanas, de esto se trata toda la experiencia de los voluntariados en AIESEC, de aprender. Esta organización se enfoca en crear líderes y Duna vino a este país a demostrarle a un montón de niños que por más grande que este mundo sea, las diferencias jamás deberán intimidarnos. A medida que pasó el tiempo pude ver como ella fue tocando a varios con su personalidad, fue cambiando vidas, y aunque no lo vi venir, también noté como otros la tocaron y cambiaron a ella. Vi personas como Albani cambiar hasta su manera de pensar en sí misma, la confianza que todas estas semanas creó en ella es algo que jamás va a olvidar.

Que estas experiencias se repitan será, de ahora en adelante, una de mis grandes metas en esta organización. Que más personas como ella vengan a mi país y se enamoren de él, será solo el comienzo. Y que tú te inspires luego de haber leído todo esto, es sólo parte del primer paso.

Gracias Duna por todo, espero volverte a ver.

Humanidad

La humanidad es como es. No se trata de cambiarla, sino de conocerla.

– Gustave Flaubert.

Tenía ya bastante tiempo dándole vueltas a esa cita en la cabeza, sin saber cómo expresar lo que me hacía sentir, hasta hace poco que me di cuenta que el reto más que darme escalofríos, me emociona. Al punto de que no he parado de darle vueltas a las mil y una cosas que quiero hablar de esta organización.

Comienzo hablando de humanidad porque creo que es una de las cualidades que más he visto desde que entré a AIESEC y una de las cosas que más he tenido presente desde entonces. Me he topado con un montón de extraños que no han hecho más que abrirme sus brazos y enseñarme cosas que sé que valoraré por siempre, todo esto lo digo teniendo en cuenta que apenas entré en noviembre del año pasado. Personas que no paran de creer en que ser humanos es lo mejor que podemos ser y que me han demostrado que de eso se trata ser parte de AIESEC.

Este párrafo va para ti, quien lees. Quiero que entiendas, antes de leer todo lo que escriba más abajo, que desde que tengo recuerdos siempre me he visto enamorada del mundo en el que habito. Con sus altos y bajos, este siempre ha sido mi musa más preciada, escribir de él solo es mi manera de demostrarlo.

Sé que no soy la única persona que ha pasado por ese momento, en el que vas caminando por la calle pensando en tus cosas y algo que te llama la atención, te cambia el día por completo. Que vas pendiente de tus preocupaciones más inmediatas, ya sea el próximo examen que tienes de la universidad, ese mensaje que está en tu Whatsapp que todavía no sabes cómo responder o algún recuerdo que no te sacas de la cabeza, pero en un segundo todo cambia y te das cuenta de tus alrededores.

Todos los días estamos rodeados de personas, de sentimientos e ideas que quizás nunca conoceremos del todo. Así como sé que no soy la única qué ha sentido lo que nombré arriba, sé que no estoy sola cuando es justo en ese momento que te das cuenta de que tan grande es este mundo.

Hasta el momento, basado en lo que acabo de buscar en Google, somos 7.481.348.867 personas en el mundo, regados en más de 5 continentes y con al menos 7.000 idiomas. Dependiendo de cómo lo quieras ver puedes pensar que esos números son demasiado grandes, pero a mí en lo personal toda esta información me da ganas de saber más sobre lo que esto implica.

¿Puedes tan sólo pensar en la cantidad de culturas que hay en el mundo? Todas las memorias que quedan en los años, las palabras dichas y no registradas, todo lo bueno y todo lo malo. Imagínate por un segundo como sería saberlo todo, como sería estar siempre al tanto del último descubrimiento de la ciencia, de quien acaba de nacer y de quien acaba de morir, de la respuesta a cualquier mínima duda.

Estoy consciente de que son pensamientos bastante soñadores, por así decirlo. Pero si te soy sincera desde que entré a AIESEC lo veo más posible que nunca. Puede que no a la extensión de convertirnos en un planeta lleno de genios, pero si veo más humanidad en el futuro.

No se trata de cambiar al mundo, se trata de conocerlo. Se trata de dejar a un lado los prejuicios y abrirnos a cualquier nueva experiencia que nos pueda dar el mañana. Es simplemente escuchar a los demás, lo que tienen para decirnos y lo que pueden enseñarnos. Se trata de saber que las opiniones nunca serán correctas o incorrectas, que las perspectivas de otros son las mejores oportunidades de entrar a nuevos mundos. Y finalmente para mí, se trata de unirme a AIESEC descubrir que quiero ser tan humana como pueda, para dejarlos bien en alto.

Esta entrevista es mi oportunidad. Serie 4/4

A mi vida llegó la oportunidad de tener un trabajo. Ese trabajo necesitaba de una entrevista y aunque me sentí preparada, igual me puse nerviosa. Ya había dicho que no debía tener nervios porque ya había pasado por eso. Pero si era una primera vez porque no involucraba a nadie de AIESEC. Eso ya la convertía en algo totalmente diferente.

Ya estaba familiarizada con la forma de preguntar en AIESEC. Qué debía decir, cuál era la experiencia requerida, cuánto debía conocerme. Aun con los nervios, eso me ayudó bastante.

“Yo sé más de mí de lo que ellos posiblemente llegarán a conocer”, me dije.

Esta vez hice un repaso de las entrevistas anteriores e investigué sobre la organización para la cual aplicaría. Recurrí a la dosis de seguridad que puede aportar un espejo y traté de ensayar. Claro, sin perder la espontaneidad ni imaginarme que era un guión. Hablé con mis papás y mi hermana para tenerlos como “soportes motivacionales”. Y ahí estaba, lista para tomar esa oportunidad de salir del cascarón.

Respóndele a la oportunidad

Me fui bien arreglada, llegué puntual, cuidé mi postura. Traté de sonreír y estaba llena de optimismo. Me sentía calmada y tranquila. “No te asustes”, repetía mentalmente mientras caminaba a la oficina donde me entrevistarían. ¿Cuál fue mi sorpresa? Darme cuenta de que la mayoría de las preguntas ya las había respondido en otra oportunidad -o en varias.

Me provocó sonreír con más ganas y de mí brotó un discurso lleno de sinceridad, seguridad y confianza. No iba a responder para ellos sino para mí. Algo me decía que el independientemente de si quedaba o no no debía alegrarme -solo- por ese resultado. Debía sentirme orgullosa de haber tenido a AIESEC como práctica para ese momento y haber superado todos los obstáculos. Debía sentirme feliz de haber llegado lejos, de tener las respuestas en la mente.

Era mi oportunidad de demostrar que ya no tenía problemas en ser entrevistada porque ya sabía qué responder. Aunque también debo decir que me fue realmente bien y obtuve el resultado esperado. Fue doblemente satisfactorio.

Ahora no le tengo -tanto- miedo a ninguna oportunidad que se me presente. Sé que puedo lograr superarla porque mi vida se ha ido llenando de buenas experiencias.


Fin de las experiencias sobre entrevistas.

Experiencia de una entrevistada. Serie 3/4

Nunca me habían entrevistado. No tenía ningún tipo de experiencia en el tema. Hasta que hice la prueba de selección para formar parte de AIESEC y me mandaron un correo. En el correo me felicitaban por el desempeño y me asignaron una fecha y hora para ser entrevistada. Entré en pánico. ¿Qué iba a saber yo lo que era una entrevista? ¿Qué iba a responder? Sólo puedo decir que el miedo no sirve de nada.

Realmente no sabía qué me podían preguntar así que no me preparé (¿error?). Fui puntual y llegué 10 minutos antes de la hora pautada. Aunque mi entrevistadora llegó 20 minutos después. Tomé aire y traté de hablar sin que me temblara la voz. Nos sentamos y empezó todo.

Mente en blanco

Quien me entrevistaba no me veía a la cara, estaba mandando mensajes con su teléfono y dijo que estaba apurada. Sentí que no le importaba lo que yo decía. Además me planteé dos escenarios y ninguno me gustaba: o no me aceptarían porque tenían a alguien más y por cortesía me entrevistaron. O me aceptarían porque les daba igual lo que yo dijera, eso me hizo pensar que no tomaban en cuenta mis habilidades y me desilusionó.

Por unos minutos ella abandonó su teléfono y ahí no supe qué hacer. Se acabaron las preguntas por cortesía y lanzó un: dime tres fortalezas y tres debilidades de Arantxa.

¿Debilidades? ¿Fortalezas? ¿Acaso yo tengo eso? Mi mente quedó en blanco y no recordaba ni mi nombre. Pensé por un rato y se me vinieron a la mente seis palabras que parecían coherentes. No recuerdo muy bien lo que dije pero en toda la entrevista, pero salió bien.

Estar en AIESEC no significa decirle adiós a tu rol como entrevistada. Al contrario, ahí comienza todo. Cada vez con mayor nivel -de dificultad, tal vez. La diferencia es que aprendes más del Modelo de Desarrollo de Liderazgo de AIESEC y su “autoconocimiento”. Debemos encontrar nuestras cualidades. Conocernos para poder darnos a conocer.

Cada vez más entrevistada

El siguiente paso fue sobrevivir a la entrevista para ser coordinadora de mi comité local. Creo que después de pasar por la fase de ser “quien entrevista” ésta parte se hizo menos difícil. Tanto así que conseguí mi puesto. Y salí orgullosa porque ya decía cuatro cualidades sin llorar, sólo quedaban dos más.

No pude detenerme ahí y más adelante apliqué a un puesto nacional, este puesto.  La diferencia entre una entrevista y otra es que antes conocía a los que me entrevistarían, ya no. Además que era por Skype y debía lidiar con el Internet, la conexión, el audio… Puntos que podían volverse negativos y hacerme sufrir más de lo necesario, pero nuevamente sobreviví.

No fue simple entrevista, la disfruté. Me sentí feliz por quedar en el puesto y por aprender a controlar. Por saber ser entrevistada. O por lo menos a aguantar los nervios en una entrevista para AIESEC, pero cuando ya no te entrevistan para un puesto de la organización…

Un reto más en nuestras vidas.


Continúa la experiencia de las entrevistas

http://aiesec.org.ve/venezuela/esta-entrevista-…tunidad-serie-44/

El ojo de quien entrevista. Serie 1/4

En AIESEC he aprendido a realizar una entrevista y a ser entrevistada. Ha sido un proceso que ha involucrado a varias personas y también una experiencia de varias partes.

No lo aprendí todo a la vez, todo fue dependiendo de las circunstancias. Tampoco resultó ser una experiencia -exclusiva- de mi carrera dentro de la organización. Involucró mi crecimiento dentro de mi comité y fuera de él. Es otra manera de demostrar cuánto me marcaron AIESEC y los miembros con los que compartí.

Es por ello que creo necesario ir a través de mis etapas. Que sea un recorrido que permita revivir esos momentos y tal vez acompañar a alguien más desde la distancia. Así puedo sentir que ayudo a alguien a prepararse -y asumir el reto- o simplemente compartir lo que sé y he vivido.

Debo acotar que mis experiencias no irán en el orden en el que ocurrieron, creo que es más por la forma en que me impactaron.

Quien entrevista observa

Hace unos meses tenía una reunión con los Vicepresidentes de AIESEC en UCV. Quedamos en encontrarnos en un café de Caracas a las 5:00 p.m. Yo llegué a las 4:50 pero antes de entrar me fijé que afuera del lugar estaba un hombre pidiendo dinero. Traté de evitarlo porque no tenía sencillo pero también noté que desde adentro del local, en una mesa junto al vidrio -ubicación que permitía ver toda la calle-, se encontraba uno de los vicepresidentes.

Ella estaba, con su café en las manos, viendo fijamente al hombre. Pero no lo veía sólo a él, me veía mí. Veía a todos los que cruzaban la calle, veía al cajero, a los que estaban cerca de ella. Veía. Ella era la única que había llegado -hasta el momento.

“Te noto un poco preocupada”, fue lo primero que me dijo al verme y estaba en lo cierto. Mi rostro seguramente se tornó un poco confundido ante su pregunta por ella de una vez respondió:

-No es porque te haya visto ahorita. Es porque siempre te he visto y ya me doy cuenta de tus cambios de ánimo. Por eso me gusta hacer una entrevista, porque observo. Desde el primer momento en el que veo a quien debo hacerle la entrevista hasta que lo veo por los pasillos de la universidad o en la calle. No basta con oírlos hablar de sus cualidades o leer su currículo, hay que observar. Eso me gusta. Fijarme en sus expresiones, en cómo reaccionan ante las situaciones cotidianas, los gestos que hacen con sus manos, con sus ojos. Cómo se mueven y caminan, todo habla de ellos.

La obra de Bárbara

No sé si es necesario agregar que ella era mi ex Vicepresidenta de Talento Humano, la encargada directa de cada entrevista. Bárbara se llama. Ella estudia Artes, hace Teatro y observa. Yo ya me había dado cuenta de su interés por ver detalladamente a las personas pero no sabía que le servía para las entrevistas. Ni que en toda ella había poesía.

En ese Café me di cuenta de que observar podía ser construir una obra de teatro. El momento de la entrevista sería una simple escena. Y en ella se seleccionaría a los actores principales para poder crear la obra maestra: mantener en pie a un comité. Bárbara ha sido la directora de Casting por mucho tiempo y creo, al igual que una obra o una película, tiene un gran peso.

¿Qué sería de una buena película sin un buen reparto? Dudo mucho de su éxito. Por eso confío plenamente en el ojo de Bárbara y su poder de observación. Sé que ella observa para crear arte, conocer a las personas, elegir bien los perfiles y cambiar el mundo.

Lo sé porque yo también la he observado, es parte de su legado como vicepresidenta. Sin su ayuda yo nunca hubiese podido realizar una buena entrevista.


Continúa la experiencia de las entrevistas.

http://aiesec.org.ve/venezuela/errores-de-una-p…revista-serie-24/