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¿Qué tal si hablamos de Venezuela?

Ahora vamos a empezar por el principio, VENEZUELA,  muchos sé preguntaran ¿Dónde es eso?,  ¿Dónde queda?, ¿En qué continente?,  pues mi estimados  lectores hoy les vengo a hablar de una Patria donde están las mujeres más hermosas del mundo, y  donde los paisajes son los más espléndidos, desde la cordillera de los Andes donde está el Pico Bolívar imponiéndose ante todo, allí se encuentra las personas más amables y cordiales de todo el país muy bien conocidos como los Gochos siempre desbordando cordialidad y amabilidad eso si que no se molesten esos Gochos porque un Gocho molesto es algo de cuidado yo que te lo digo.

Pasando por el Zulia donde el relámpago del Catatumbo muestra su imponente carácter, y cuando se recuerda Maracaibo, todo buen venezolano empieza a cantar “cuando voy a Maracaibo y empiezo a pasar el puente siento una emoción tan grande que se me nubla la mente”, los Zulianos tiene la particularidad de hablar muy rápido, tienen una jerga un poco distinta a la de los demás venezolanos, eso sí siempre los veras sacando un chiste de todo y un corazón grandísimo, ellos llaman a su Maracaibo la Tierra del Sol Amado.

Del Zulia nos vamos a los Llanos donde los amaneceres y atardeceres son Preciosos, donde el Joropo y las llaneras son típicas, donde el Tío Simón escribió “Caballo Viejo” o “la Vaca Mariposa tuvo un terné, un becerrito lindo como un bebé….”, canciones que a todo buen venezolano conoce, canta y aprecia en su corazón.

De los llanos nos vamos a Caracas, nuestra Capital donde el Ávila cuida a los caraqueños, es una ciudad vibrante, llena de personas de todas partes del país, una ciudad que acepta a todos, eso sí cuando los caraqueños tienen un acento muy particular un mandíbuleo que cuando lo escuchas te mueres de la risa, para Caracas hay una canción muy particular escrita por la Súper Banda de Venezuela “Guaco” que te ayudará a entender a las caraqueñas  y dice así “No sé que tienen las chicas lindas, que de Caracas con su caminar tan sabrosón  que a todo el mundo arrebata cuando las miro al pasar el cuerpo se me estremece no puedo hablar solo mirar pues mudo quedé y si las miro otra vez me moriré”.

De la Capital nos vamos a las Playa más Magníficas  que podrás ver, que quedan en el Oriente del país, el degrade de los azules en el agua, el sol imponente, la brisa, los corales, los peces de todos los colores,  “los rompe colchón”, “vuelve  a la vida” que venden en la playa, y nada mejor que un   pescado frito con arepas, ensalada y tajadas a la orilla de la playa, los Orientales son personas muy amables, que hablan muy rápido, dicharacheros pero sobre todo con una alegría que se les desborda.

Y por último pero no menos importante el Sur del País, uno de los estados lleva el apellido de nuestro Libertador Simón Bolívar, el más grande de todo el país, donde las riquezas son infinitas, en este hermoso estado tenemos la Gran Sabana, donde verás las noches más hermosas porque cielo está  repleto de estrellas, tanto así que parece que fuesen infinitas, también está la Caída de Agua más grande del Mundo el Salto Ángel, tenemos los Tepuyes que cada vez nos asombran por su belleza y son cada vez más los aventureros que se atreven a llegar a su cima, también es muy típico de nuestra región el Calipso, es algo que todo Guayanés baila y siente, porque es sinónimo de alegría de carnavales. Es una región llena de minerales que lo hacen muy rico y  a su vez estar rodeado de la naturaleza mas esplendida que te puedes imaginar.

Esta es mi Venezuela, un país que lleva nombre de mujer, que tiene no solo los paisajes más hermosos que te puedes imaginar sino mas importante aun la gente más increíble que podrás conocer, el venezolano es sinónimo de estas pocas palabras que pudiste leer hoy, es mucho mas, atreve a apostar y creer en Venezuela, estoy segura que te sorprenderá.

El efecto Donaldo Barros

Donaldo Barros o DoBa para quienes lo conocen un poco más, es un venezolano que sólo se enfoca en meterle goles a la vida. Alguien más en el mar de gente que llena este país, una persona que ha tomado todo lo que la vida le ha dado para transformarlo en cosas maravillosas, y que en el camino, se ha llevado a multitudes con él.

Recuerdo hace unos años atrás, cuando Instagram todavía no se había convertido en el 98% de mi tiempo libre, un día que mi hermano me mostró la cuenta de Donaldo. Para ese momento yo solía tomar fotos para mí misma, con miedo a que los demás no entendieran cual era el mensaje que quería dar y con miedo a las opiniones de otros. La verdad es que ver a una persona cualquiera tomar fotos tan increíbles de mi país y amarlo tanto como yo lo amaba a escondidas me hizo darme cuenta que no estaba sola y que valía la pena unirse a él.

Esta semana me topé con una conferencia TED con la voz del mismísimo DoBa, ésta fue en el 2015, más o menos al mismo tiempo en el que mi hermano me lo mencionó. Donaldo se presenta como un venezolano que ama a su país, alguien sólo se imagina viviendo en estas tierras y que se llena de orgullo al mostrar su pasaporte.

Para quienes hayan visto al menos 3 fotos tomadas por él sabrán el poder que tienen sus manos, con estas proyecta imágenes de una Venezuela que no todos ven. Desde su serie #historiasdeunvecino, hasta cualquier otra de sus fotografías publicadas en la famosa red social, Donaldo me ha inspirado a ver más allá de lo que la política y la economía a veces no me dejan ver del país en el que nací.

Entre muchísimas otras cosas Donaldo nos habla sobre todos los talentos que nos rodean y de como nosotros también podemos explotar quienes realmente somos. De sus palabras me llevo enseñanzas como que todos somos mortales, nacemos, dejamos una huella en el mundo y nos vamos. El tiempo que estemos no importa, el lugar donde nazcamos mucho menos, pero la huella que dejemos siempre será lo importante. Esta última determinará si no perdimos nuestro tiempo en este mundo y si de verdad le dimos valor al país en el que nacimos.

Yo no fui la única que se inspiró con él, sólo debes ver las fotos de Venezuela tomadas antes de que la huella de Barros llegase para darte cuenta que bastaba con la llegada de un líder para crear a otros. La palabra líder, me atrevo a decir, es una de las más importantes para AIESEC y ver desde los ojos de esta organización que un venezolano triunfa y ayuda a otros a dejar el país en alto con su rol de líder, merece mucho más de lo que este artículo puede llegar a hacer, pero al menos Donaldo me inspiro a intentarlo.

El poder de las personas

Hablemos de otros, hoy quiero hablar de los demás. De esto he escrito antes pero nunca tan inspirada como lo estoy hoy.

Hace unos días fui a la un evento de AIESEC que tan sólo de acordarme me saca una sonrisa en la cara. Para quien esté leyendo esto y no sepa mucho sobre la organización, ésta cuenta con un montón de personas con metas, tanto dentro como fuera de la organización, que se ayudan entre todos para lograrlas en un tiempo determinado. En mi opinión ver a personas ayudándose entre sí siempre será lo más cercano que pueda estar de la magia.

El evento se basó en reunir en Caracas a los comités de la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Simón Bolívar y la Universidad Católica Andrés Bello, para pasar la mañana hablando de temas que pudiesen ayudarnos a mejorar nuestro potencial y conocernos un poco mejor. En resumen, quiero que lo veas de la siguiente manera, estas reuniendo al menos a unas 50 personas que son parte de una organización que se basa en crear líderes. En cuestión de minutos tienes esa magia de la que te estoy hablando, tienes intercambio de ideas y de perspectivas que jamás pensaste compartir con otras personas y mucho menos con desconocidos.

Así como dije arriba esto ocurrió en la mañana, para ser más específicos un domingo a las 8:30 a.m. Tienes que considerar el poder que pueden tener estas personas, que no pasan de los 30 años de edad, y que podrían haber pasado su domingo en casa durmiendo o haber salido la noche anterior pero prefirieron dar un poco de sí mismos y buscar un mundo mejor. Personas como Fadia Frangie, Felipe Laucho o Diveana Rodriguez, que como líderes de cada uno de los comités que antes nombré, te hacen darte cuenta que vale la pena apostar por organizaciones como estas que les permiten a personas tan jóvenes como ellos impactar tan positivamente en el mundo.

Porque de eso se tratan todos estos poderes y toda esta magia. Se trata de unir ideas, de apoyarse entre todos y de conseguir soluciones hasta para el más mínimo problema. Se trata de saber que no estás solo cuando sueñas en que las cosas pueden estar mejor en tu país, porque quizás hay otros que en este momento están intentando hacer tu sueño realidad.

Y es que dime si no te ha pasado antes, que ves como alguien puede hacer algo y automáticamente piensas que tú también puedes hacerlo. Que ves a alguno de tus amigos lograr algo que te llena de orgullo y quieres apoyarlo a que te siga sorprendiendo. O que ves que alguien dice algo que tú siempre has pensado, pero nunca has tenido la valentía de decir, y lo único que te provoca ahora es gritarlo a los 4 vientos y aplaudir a quien te provocó ese sentimiento.

Este tipo de eventos son los que impulsan los buenos cambios, este tipo de días son los que me hacen querer escribir sobre todo lo bueno que este mundo tiene para ofrecer. Son mañanas como estas las que me hacen sentir mejor si tengo sueño, porque al menos sé que tuve la oportunidad de ver magia materializarse ante mis ojos, con trucos tan simples como decir “…soy parte de un Todo ahora” y hacer que todos aplaudan. Es escribir sobre haber vivido esto lo que me da esperanzas en el mañana y lo que me hace saber que no estoy sola cuando pienso que la paz es posible, si hay personas como estas a tu lado.

Ventajas de los veintitantos

Cumples 20 años y entras en un limbo de definiciones, nada está tallado en piedra pero todo lo que haces se escribe a tinta indeleble. Terminas la adolescencia y comienzas en una etapa en la que no puedes considerarte un niño pero tampoco un adulto. Que tus juegos se convierten en profesión y tu tiempo en trabajo.

Llegas a los famosos 21, donde ya no hay vuelta atrás y ninguna duda de que en cualquier país del mundo eres mayor de edad, las responsabilidades se van acumulando lentamente y suele ser entonces cuando comienzas a tener más cuidado con la tinta que escribes, pero nada te libra de cualquier error que sólo tachas escribiendo sobre él.

No hace mucho tuve 22 años, fue aquí cuando decidí llenar mis bolsillos de cualquier experiencia nueva, justo cuando me creía hecha de un material inoxidable y juraba conocerme del todo. Si estás leyendo esto y sintiéndote identificado de alguna manera, por favor sonríe, al menos no eres el único que se equivocó.

Es que no fue sino hasta los 23 que descubrí que no es que era inoxidable, si no que nada de lo que me había tocado la piel hasta ahora había sido lo suficiente importante como para corroerla y dejar marcas. En ésta etapa de mi vida descubrí que sólo me conocía al 10% y que siempre voy a estar cargando como si de una computadora con mal Internet se tratase. Entendí que no siempre son los demás que cambian, que cambiar de vez en cuando vale la pena y así como ellos lo merecen, tú también te debes esa oportunidad.

Y discúlpame si me extiendo más en los 23 porque son los que estoy viviendo ahora, la verdad es que contigo puede ser distinto. Puedes leerme ahora, tener 20 años y haber descubierto anoche que lo que siempre pensaste que te gustaría, ahora te aburre. Sin mentirte este año de vueltas y mareos me han enseñado que nunca sabré del todo lo que viene en la vía, y eso no debe asustarme ni un poco, al menos mientras sólo se trate de una metáfora y no esté realmente manejando.

Te doy un consejo que a escondidas me estoy dando a mí misma, no se trata de definirse todo el tiempo, seamos honestos es imposible. Estamos en ese momento de nuestras vidas en donde podemos creer en algo en la mañana y acostarnos en la noche con otra visión totalmente distinta del mundo. Se trata de completarse a uno mismo con cualquier pieza que consigas en el camino.

Que sí, yo entiendo que las responsabilidades han cambiado, que mis prioridades a los 23 se ríen en la cara de las que yo creía importantes a los 19. Pero ¿sabes qué te digo? Que todavía tengo la oportunidad de ser quien me provoque cuando sea grande y yo la voy a aprovechar.

Todo esto está dedicado a un gran amigo que hace poco me preguntó si no estaba nerviosa por lo poco que falta para yo que cumpla los 24 y me retó a escribir mi respuesta por aquí. Toda mi respuesta se resume a un rotundo no sin ninguna duda en mi corazón. Te pregunto, si otro número en mi edad sólo significan más años de vida, más experiencias nuevas por venir, más tinta que gastar escribiendo y tachando, más canciones que bailar o que cantar y mucho más por aprender ¿Por qué debería estar nerviosa? Hoy no puedo decidir todo lo que viene mañana y al menos hoy me siento confiada de que vale la pena sólo planear un día a la vez y que lo demás venga poco a poco

¿Qué dices tú?

Haz lo que “no puedes” – Casey Neistat.

Este es uno de los mejores momentos en la historia del mundo para ser creativos. Podrías dejar de leer hasta ahí y tendrías todo el mensaje de lo que quiero decir en este artículo o podrías seguir leyéndolo y unirte al nuevo movimiento.

Esta semana vi un vídeo que me inspiro a escribir todo esto, es de un cineasta estadounidense llamado Casey Neistat que tiene como título DO WHAT YOU CAN’T que significa haz lo que “no puedes” en español. Resumiendo un poco la carrera de Casey, a la cual admitiré ser un poco adicta, él podría ser la historia real de esa película que quizás hayas visto de Will Smith llamada En Busca de la Felicidad.

Neistat tuvo un hijo a los 16 años de edad teniendo que dejar de estudiar y enfocándose únicamente en trabajar para poder mantenerse a flote, con varias personas diciéndole que no sería capaz de lograrlo. Años después sin mucho dinero más que el suficiente se mudó a Nueva York con el sueño de ser cineasta, compró una cámara y con su hermano grabó algunos vídeos caseros, incluyendo uno que luego le permitiría realizar una serie en HBO que se llamó The Neistat Brothers y no triunfó ni un poco. Ah perdón, ¿esperabas que te dijera que fue el gran éxito de su vida? Pues la verdad es que no, pero aquí lo importante es lo que vino después, luego de que su serie no triunfara y de todas las veces que su padre le dijera que su sueño no iba a funcionar y que Nueva York era muy grande para él.

Casey se hizo famoso con uno de estos vídeos caseros grabado con una videocámara de mala calidad y publicado en internet mucho antes de que existiera YouTube, cuando para que un vídeo se hiciera viral debía compartirse por correo con un mensaje amenazador como “comparte esto o todas tus pesadillas se harán realidad”. Él simplemente publico un vídeo enviándole un mensaje al mundo de la mejor manera que pudo, compartiendo una historia con otros y el mundo decidió oírle. Hoy en día tiene uno de los canales de YouTube más importantes de la plataforma, con casi 7 millones de seguidores y con más de 2 millones de vistas sólo en este vídeo que me inspiró.

Como él hay millones de personas que tienen cosas que decir, mensajes que todavía no han llegado a nuestros oídos pero que a alguien le dan vueltas en la cabeza todos los días. Sólo aquellos que se atreven a crear en este mundo son los que son capaces de ayudarlo a dar vueltas. Son personas como él, los que prefieren no frenarse por los no y crearse caminos llenos de si propios, los que no sólo le dan vuelta al mundo sino que además tienen el poder de decidir a qué velocidad va este.

Lo que debes saber ahora es que realmente no hay una fórmula secreta para lograr lo que él logró y que los vídeos no son las únicas maneras que hay en el mundo para hacerte oír. Tienes la ventaja de vivir en la época del internet, de las mil y un oportunidades de expresarte y encontrar a alguien que te entienda, así no esté en tu mismo país. Porque te prometo que no será la primera vez que alguien a tu alrededor te diga que no le gusta lo que haces, pero queda de tu parte escucharlo o buscar mejores opiniones.

Hoy me despido inspirada, con ganas de comerme al mundo, o siguiendo la metáfora de darle vueltas, simplemente de hacer todo lo que me han dicho que no puedo. Desde ahora te invito a venir conmigo.

¿Por qué salir a conocer el mundo?

Quizás al leer la pregunta hayas pensado en salidas, vacaciones o viajes, sin embargo, esta vez quiero que veas más allá de lo que se nota a simple vista.

Muchas personas han visitado numerosos países sin haber conocido realmente al entorno en el que estaban ¿Qué es conocer el mundo? No es sólo salir de tu país, no es sólo visitar sitios nuevos, no es sólo quedarte unos días en una ciudad extranjera. Conocer el mundo es estar en constante contacto con la nueva cultura que encuentras, es experimentar de primera mano lo bueno y lo no tan bueno que ofrece el sitio al que llegaste, ya sea la gastronomía, las tradiciones, las religiones, etc.

Menciono lo no tan bueno, ya que cada sociedad tiene distintas problemáticas, es un hecho del que no se puede hacer la vista gorda, y para realmente conocer el mundo debes conocerlo con sus pros y sus contras, porque al final, es la unión de todos estos factores lo que definen la cultura y la sociedad. Incluso, puedes tomar parte en la solución de dichas problemáticas y así formar parte de una red global de voluntarios que son agentes de cambio.

Ahora bien, ya sabiendo el cómo se conoce el mundo, podemos dar paso a la respuesta de la pregunta principal que está como título de este artículo.

Al salir a conocer el mundo te das la oportunidad de expandir tus conocimientos, de salir de tu zona de confort, de experimentar nuevos estilos de vida, pero más aún que todo ello, te estarás redescubriendo, porque conocerás aspectos de ti que quizás nunca pudiste observar o no tan profundamente cuando estabas en tu hogar.

Así, como bien he explicado, razones para salir a conocer el mundo sobran, razones que van desde lo externo hasta lo interno, desde conocer nuevos estilos de vida hasta hacer un voluntariado. Atrévete a crecer, a descubrir, a experimentar. Atrévete a conocer el mundo.

¿Adicto a las redes sociales?

Piensa en tu día a día, te despiertas, das unas vueltas en la cama y luego vas directo a tu teléfono, a revisar tus mensajes y todas tus redes sociales, muchos dirían que eres adicto, yo diría que se equivocan. Vivimos en un mundo en línea, siempre conectado y siempre actualizado. Somos la generación de costumbres como revisar tu teléfono cada vez que te sientas aburrido y de resolver todas tus dudas al alcance de un click.

Desde muy pequeña he tenido acceso a internet, recuerdo mi primer MSN Messenger a los 10 años o quizás menos, cuando creía que mi apodo me definía del todo y cuando sentía que mi súper poder era decir cómo me sentía con tan sólo compartir la música que escuchaba a todos, lo cierto es que las cosas no han cambiado mucho.

Jamás olvidaré mi etapa de MySpace en la que cada vez que se abría mi perfil sonaba Dance, Dance de Fall Out Boy, la misma etapa en la que descubrí que serían mi banda favorita hasta el fin de los tiempos, capaz porque siempre me recuerdan quién era antes y todo lo que he logrado hasta ahora. Y está prohibido olvidar cuando empecé a usar redes como Facebook o Twitter, cuando entendí que podría importarme muchísimo lo que los demás pensaran, pero también me importaba compartir mi opinión. Es definitivo, las cosas no han cambiado del todo.

Las redes sociales lentamente se han convertido en parte de nuestras venas, nos han moldeado a ser quienes somos actualmente y te voy a decir lo más maravilloso de todo esto. Estamos en una era en la que compartir tu día desde que amanece hasta que oscurece es normal, que siempre quedará un recuerdo de cualquier vivencia y que en unos años ser olvidados por todos no es una opción. Escribo hoy sobre esto porque sé lo bonito que se siente ver fotos que consideras viejas y acordarte de cada detalle que pasaba mientras estas eran tomadas, porque sé que cuando sonrío frente a una cámara es para recordarme en unos años de que fui feliz.

A veces pienso en todos los sentimientos que se perdieron en el tiempo, todas esas personas que en su época no fueron capaces de colaborar en este mundo como nosotros lo somos capaces. Todo esto lo que me provoca es crear más, aprovechar el súper poder que tengo de compartir quien soy a otros y en el camino conocer al mayor número de personas posible.

En estos últimos años me he dado cuenta que el internet no es más que una gran conexión, las páginas web son los libros de historia del futuro y algunas fotografías en Instagram las nuevas expresiones de arte que nos diferenciarán de otras generaciones. Porque para mí todo esto convierte al mundo virtual en una Pangea versión 2.0, un gran continente unido por infinitos sentimientos, millones de cerebros funcionando al mismo tiempo y muchísimas más cosas que te relacionen con quienes estén del otro lado de la pantalla.

Lo cierto es que no hay límites y si eso no te inspira a crear nuevos territorios, no sé qué lo hará. Porque puede que no seas realmente adicto a las redes, a los me gusta y la aceptación social, puede que quizás sólo te guste ser parte esencial de este mundo, vivir y recordar, ser esa parte buena que aun flota en el mundo. Si todo esto es así, me parece que vale la pena que sigas compartiendo.

Duna Manent, una española en Venezuela

Esta es la historia, desde mis ojos, de Duna Manent, una catalana de 23 años de edad que vino a mi cuidad a cambiar vidas. Llegó a Venezuela el 5 de enero del 2017, para ese entonces yo tenía algo menos de 2 meses en AIESEC pero muchísimas ideas en la mente y expectativas al máximo, eso sin contar que no era la única que estaba en la misma posición.

Los días previos a que llegara Duna ya podías ver lo invertidos que estaban todos los que la recibiríamos. Recuerdo cómo días antes Albani Jaimes, quien, para ponérselo más fácil al que lee, era la encargada número 1 de que la experiencia de Duna fuese inolvidable, me escribió para vernos y terminar de pulir los últimos detalles de su estadía.

La española” como naturalmente la habíamos apodado antes de que llegara, se quedaría en mi casa en el oeste de Caracas las primeras 3 noches y luego pasaría a mudarse al este de la ciudad en donde estaría el resto de las 6 semanas que incluía el proyecto para el que había venido a Venezuela. La idea de que Albani y yo nos viéramos ese día, incluía hablar sobre el proyecto, que en su caso era “Trazando Metas” y se trataba de discutir con niños sobre los Objetivos del Desarrollo Sostenible de la ONU, mediante dinámicas que ellos pudieran disfrutar y entender. Además, también aprovecharíamos el día para hacer el recorrido que Duna haría: desde donde viviría hasta el lugar donde la recogerían, para llevarla al barrio La Bombilla en Petare donde está ubicada la Fundación María Luisa Casar y los niños con quien ella trabajaría.

Honestamente saber que alguien vendría a mi país a hablar con niños, el futuro en miniatura, sobre temas como acabar la hambruna o la pobreza para el 2030, me emocionaba más de lo que soy capaz de escribir. Siempre he pensado que una sola persona no es capaz de cambiar el mundo, de acabar con todas las guerras y destruir todo lo que podamos considerar malo de la actualidad, pero sí veo la posibilidad de muchísimas personas como Duna regadas por el mundo contagiando a otros con la esperanza de un mundo mejor, y estoy segura que es desde esas esperanzas que comienzan las buenas ideas.

Duna llegó ese jueves y en los pocos días que estuvo en mi casa tuvo la oportunidad de conocer a mis padres y todo lo que eso implica. Ellos son fieles amantes de Venezuela, conocen el país como las palmas de sus manos. Verlos mostrándole desde videos de la Gran Sabana el primer día con tan sólo horas de haber llegado, hasta como comerse unos tostones la última noche que estuvo en mi casa me hizo darme cuenta de un montón de cosas. Este país, como cualquier otro en el mundo, puede tener sus fallas, sus malos ratos y sus defectos, pero son esos fieles amantes del país los que realmente lo curan de todo mal y Venezuela tiene gente de sobra así.

Después de que se mudara con Vanessa Da Silva, quien sería su alojamiento y algo así como su hermana en la ciudad -me atrevería a decir-, trate de ver a Duna durante los fines de semana que me permitía mi rutina. Las veces que nos veíamos también venían varias personas que al igual que yo querían hacer de sus días aquí los más inolvidables posibles.

En el camino vi personas como Vanessa que se enfocó en mostrarle hasta el último rinconcito del Ávila, lo más bonito que tiene Caracas, y a cambio Duna le enseño muchas otras experiencias que sé que ella valorara por siempre. También puedo hablar de otros quienes siempre estuvieron alerta de que Duna no pasara ni un solo día sin salir de casa desde el primer viernes con Leonardo, los demás días con Katherine, José, Ayimi, María Fernanda, Diveana, Sofía, María Carolina y pare usted de contar, hasta el último con Jesús y Alejandra. Siendo esta última una de las que más se enfocó en mostrarle al máximo cuan divertido puede llegar a ser venezolano o latino en general y quien sé que aprendió mucho de todo el tiempo que pasó Duna aquí.

Porque de eso se trataron estas 6 semanas, de esto se trata toda la experiencia de los voluntariados en AIESEC, de aprender. Esta organización se enfoca en crear líderes y Duna vino a este país a demostrarle a un montón de niños que por más grande que este mundo sea, las diferencias jamás deberán intimidarnos. A medida que pasó el tiempo pude ver como ella fue tocando a varios con su personalidad, fue cambiando vidas, y aunque no lo vi venir, también noté como otros la tocaron y cambiaron a ella. Vi personas como Albani cambiar hasta su manera de pensar en sí misma, la confianza que todas estas semanas creó en ella es algo que jamás va a olvidar.

Que estas experiencias se repitan será, de ahora en adelante, una de mis grandes metas en esta organización. Que más personas como ella vengan a mi país y se enamoren de él, será solo el comienzo. Y que tú te inspires luego de haber leído todo esto, es sólo parte del primer paso.

Gracias Duna por todo, espero volverte a ver.

La poesía que me ha enseñado Caracas

No soy de Caracas pero me mudé cuando comencé la universidad hace casi cuatro años. Desde ese momento me propuse recorrerla para sentirme parte de ella. Me enamoré de Caracas porque he tenido la oportunidad de perderme en ella y encontrar sus salidas. En esta ciudad me di cuenta de lo mucho que me gusta descubrir historias y ver la poesía de la vida.

Eso fue lo que le dije a un amigo que me preguntó si leía poesía. Le dije que no. No la leía, la sentía, la veía. Me gusta creer que cada vida es como un verso que rima con cada situación y va componiendo al Universo. Me gusta creer que en nuestros movimientos e ideas hay ritmo. Hay arte, nuestras vidas se pueden apreciar. Aquél que se monta en el Metro va danzando con sus penas mientras el ritmo de un vagón sucio lo ambienta. ¿Qué esconden quienes se mueven con el vaivén de una camioneta en el transporte público? ¿Qué espera realmente aquel que ve hacia el semáforo desde su carro? Esta ciudad me ha invitado a observar. Me ayuda creer que compongo música para esas historias, o por lo menos las convierto en rimas.

Caracas escrita

Parte de esas ganas de vivir una ciudad también viene de los profesores que he tenido. Maestros que me han enseñado a oler, oír, sentir el caos. Puedo dedicarles toda una entrada a cada uno de ellos pero por ahora me quedaré con Caracas y lo que encontré en mi agenda. Ya había dicho que estaba buscando mis anotaciones y tratando de cumplir con algunas tareas pendientes. De alguna manera, esa es la razón de esta entrada .

En una de las hojas de mi agenda encontré varias frases. No son mías, ni de una película o alguna canción. Son frases que oí en la calle, de camino a una fuente oficial para un reportaje que tenía que hacer.

Me gusta escuchar a las personas y “capturar su esencia” para poder escribir sus -posibles- historias. Digamos que siento que las reconstruyo a través de lo que me comparten inconscientemente. Para mí es un ejercicio de empatía, me ayuda a conectarme más con ellos, con la ciudad, con el mundo. Todos deberíamos escuchar más la poesía de nuestra ciudad, apropiarnos de ella, sentirla. Para cuidarla, para amarla y compartirla.

Frases que esperan por una historia

*¡Qué belleza tan fea la tuya!

*¿Cómo se llama tu nombre?

*Una emoción tan alegre que invade el corazón.

*Ay, hija, si supiera que yo ando tan perdida como usted.

Todavía recuerdo los rostros de todos los que dijeron esas frases y sus suspiros. Recuerdo el momento y sus intenciones, solo me ha faltado imaginar su pasado, pero esas historias están ahí. Están a la espera de un inicio y un fin, aguardan por nosotros al igual que lo hace la ciudad.

 

Una viajera de agenda

Estaba haciendo limpieza en mi estante y me encontré con mi “agenda 2016”. En realidad no es una agenda, es simplemente un cuaderno donde anotaba listas de cosas que debía hacer. Al final no las cumplí todas -sin remordimientos. Como estamos terminando el año me propuse algo: revisar todas las listas que creé. Y por supuesto, ver si hay posibilidad de hacer las que aún están pendientes. No sólo es cumplir con lo que no hice -más vale tarde que nunca- sino revisar mis anotaciones.

Para mi sorpresa, en la primera página de mi “agenda” (la llamaré así para aparentar ser una persona organizada) encontré el coro de una canción.

Mi casa es el mundo, mi techo es el cielo, mi Dios es la vida…

Amar es mi credo

Agenda de canciones

Sabía que había escuchado esa canción en una película y decidí buscarla. Me encontré con que la cantante se llama Robertha y es conocida como “la voz del amor”. Protagonizó la película Rosas blancas para mi hermana negra. La canción habla de que el amor puede trascender el color de la piel y también hace alusión al tema de la película: el racismo de los 70’s.

Lo que me llamó la atención en sí fue en lo que se convirtió mi agenda. Sin darme cuenta se ha ido llenando de frases, canciones y referencias a una vida sin fronteras. A la libertad o al amor a nuestra propia vida. Mi casa es el cielo (nombre de la canción), no es sólo una referencia al amor de parejas sino el amor a nuestra existencia en este mundo. Es como siempre, una invitación a vivir más. A viajar. A ser tolerantes y aprender.

Me he convertido en una viajera de agenda, que sólo está esperando para abrir sus alas por el mundo. Por ahora soy feliz escribiendo sobre mis sueños y añoranzas.

Viaja para amar

¿Acaso no podemos entender la canción como amor al prójimo? ¿Como la posibilidad de ser felices en todos nuestros destinos? Porque lo que nos queda es lo vivido y recorrido, no lo poseído -objetos materiales. De eso habla la canción para mí.

Así que seguiré revisando mi agenda mientras escucho a Robertha cantar parte del playlist de mi espíritu viajero.

Quiero ser libre

Vivir como el viento

Que va a todas partes

Y no siente miedo.