Ventajas de los veintitantos

Cumples 20 años y entras en un limbo de definiciones, nada está tallado en piedra pero todo lo que haces se escribe a tinta indeleble. Terminas la adolescencia y comienzas en una etapa en la que no puedes considerarte un niño pero tampoco un adulto. Que tus juegos se convierten en profesión y tu tiempo en trabajo.

Llegas a los famosos 21, donde ya no hay vuelta atrás y ninguna duda de que en cualquier país del mundo eres mayor de edad, las responsabilidades se van acumulando lentamente y suele ser entonces cuando comienzas a tener más cuidado con la tinta que escribes, pero nada te libra de cualquier error que sólo tachas escribiendo sobre él.

No hace mucho tuve 22 años, fue aquí cuando decidí llenar mis bolsillos de cualquier experiencia nueva, justo cuando me creía hecha de un material inoxidable y juraba conocerme del todo. Si estás leyendo esto y sintiéndote identificado de alguna manera, por favor sonríe, al menos no eres el único que se equivocó.

Es que no fue sino hasta los 23 que descubrí que no es que era inoxidable, si no que nada de lo que me había tocado la piel hasta ahora había sido lo suficiente importante como para corroerla y dejar marcas. En ésta etapa de mi vida descubrí que sólo me conocía al 10% y que siempre voy a estar cargando como si de una computadora con mal Internet se tratase. Entendí que no siempre son los demás que cambian, que cambiar de vez en cuando vale la pena y así como ellos lo merecen, tú también te debes esa oportunidad.

Y discúlpame si me extiendo más en los 23 porque son los que estoy viviendo ahora, la verdad es que contigo puede ser distinto. Puedes leerme ahora, tener 20 años y haber descubierto anoche que lo que siempre pensaste que te gustaría, ahora te aburre. Sin mentirte este año de vueltas y mareos me han enseñado que nunca sabré del todo lo que viene en la vía, y eso no debe asustarme ni un poco, al menos mientras sólo se trate de una metáfora y no esté realmente manejando.

Te doy un consejo que a escondidas me estoy dando a mí misma, no se trata de definirse todo el tiempo, seamos honestos es imposible. Estamos en ese momento de nuestras vidas en donde podemos creer en algo en la mañana y acostarnos en la noche con otra visión totalmente distinta del mundo. Se trata de completarse a uno mismo con cualquier pieza que consigas en el camino.

Que sí, yo entiendo que las responsabilidades han cambiado, que mis prioridades a los 23 se ríen en la cara de las que yo creía importantes a los 19. Pero ¿sabes qué te digo? Que todavía tengo la oportunidad de ser quien me provoque cuando sea grande y yo la voy a aprovechar.

Todo esto está dedicado a un gran amigo que hace poco me preguntó si no estaba nerviosa por lo poco que falta para yo que cumpla los 24 y me retó a escribir mi respuesta por aquí. Toda mi respuesta se resume a un rotundo no sin ninguna duda en mi corazón. Te pregunto, si otro número en mi edad sólo significan más años de vida, más experiencias nuevas por venir, más tinta que gastar escribiendo y tachando, más canciones que bailar o que cantar y mucho más por aprender ¿Por qué debería estar nerviosa? Hoy no puedo decidir todo lo que viene mañana y al menos hoy me siento confiada de que vale la pena sólo planear un día a la vez y que lo demás venga poco a poco

¿Qué dices tú?